6.12.11

(Cuento) Un matrimonio


No, si no era cita real, era más bien como un encuentro casual. Digo, porque a Eri tú lo conoces, ¿no? Y no irás a pensar que para eso nos reunimos. Porque, mira, mejor te lo digo de una vez: yo sólo fui a coger un rato con él. Yo sólo quería unos cuantos minutos de bien coger. Y que me abrazaran y que alguien fingiera que me ama. Sí, ya sé que a ti esas cosas te valen madre. ¿Y qué? Al cabo no tienes por qué escucharme, pero lo vas a hacer, porque estás aburrido. O es que te da flojera levantarte del sillón. Claro, siempre supe que eres un huevón, lo supe desde esa primera noche. Esa noche, ¿te acuerdas? Era tan bonito el Paseo de la Reforma en ese entonces y serían como las cuatro de la madrugada cuando salimos y nos sentamos en esa banca y hay que decir que es preciosa la Ciudad de México a esas horas, todo está oscuro pero sin sombras, el aire está fresco pero no hace frío y cómo me dijiste te quiero mientras nos abrazábamos y de pronto no nos importaba nada de nada en el mundo… Pero cómo es que llegamos a esto, Raúl, en qué momento nos dejó de importar con quien cogiera el otro y cuando fue que decidimos vivir como matrimonio de hermanos. Porque es incesto lo que llevamos, Raúl, si no como es que aunque luego nos odiamos y hasta nos hacemos sangrar nunca nos separamos. Amor no va a ser ya, cuando supe que estabas saliendo con Carla al principio no me importó porque después de todo algo tenías que inventar para que no empezaran a hablar los vecinos, verdad. Yo en cambio siempre le hacía de solterón, al fin que cuando eres un gran contribuyente de la iglesia la gente no va a hacer demasiadas preguntas. Pero es que tu manera de ver a esa vieja, y luego a Ester, ¿o primero fue la loca de Deni? No sé cómo sabía pero cuando te descubrí en este mismo sofá con esa idiota yo ya sabía. Tú me habías dicho que las viejas no te gustaban, pero quien sabe realmente estas cosas. Mas no nos separamos y no fue porque luego me hayas suplicado perdón ni porque nos hayamos ido de vacaciones a Puerto Vallarta. Claro que disfruté, claro que te dije que te sigo amando, claro que todas las noches te buscaba a ti sin fantasear con otro. Porque eso desde el principio, la verdad es que coges muy mal, cosa que ya sabía desde que te vi pero no me importaba; porque me enternecías, porque creí que siempre te querría. ¿Cuándo fue que empecé a salir de nuevo? No sé, o fue cuando te ascendieron en el banco y empezaste a salir cada vez más tarde o fue cuando decidí que adoro pasarme las mañanas trabajando para luego estar solo hasta la medianoche. O a lo mejor fue un día específico, ese en que llamé a alguien que no había visto desde hace años y otro día me fui a tomar un café con él y otro fuimos a una fiesta y luego le hablé a alguien que conocí en la fiesta… no sé, no sé, el caso es que de pronto me di cuenta de que se me había olvidado lo que se siente hacer el amor contigo. Porque de repente descubrí que puedo cerrar los ojos y ver tu cara, oír tu voz, oler tu piel y hasta sentir tu pito en mi lengua. Sí, puedo invocar lo que siento cuando tengo tus muslos peludos entre los míos, puedo ver tu verga tiesa y a punto de explotar. Pero de lo que sentía durante y después, de ese momento inmediatamente después de venirse y en que no necesitas ni ver a la otra persona… sí, ese momento que a veces se da en otros lugares, como cuando nos despedíamos en el umbral antes de irse cada quien a su trabajo; o cuando apagaba la tele cuando llegabas y me paraba para saludarte; o cuando veíamos extinguirse el último cigarro de la noche…
No, ese momento yo sé que existe, pero ya no lo recuerdo, no lo siento, es como cuando vas a un lugar que no habías visto en años y según tú sabes perfectamente donde está todo, pero resulta que ya no están, y al poco ya no estás seguro de que las cosas hayan sido alguna vez como tú las recuerdas.
Y qué remedio, verdad, porque aunque ya no me acuerdo de ese momento, de esa magia, y estoy seguro que tú tampoco, el recuerdo de que ese momento existió ya no se va. Y por eso no me voy, y por eso tú tampoco te vas a ir así una de tus viejas te salga con su domingo siete, porque ya es muy tarde, ya estamos casados y no nos queda más remedio que seguir viendo las noticias, apagar la tele, subir juntos a la cama y a veces coger y otras hacer el odio y las más la indiferencia. Sí… ese recuerdo que nos domina y que quien quita y fue la razón porque empezó todo esto y hasta chance en realidad es pura ficción y siempre fue ficción. Pero eso no lo vamos a saber ni tú ni yo ni nadie, siempre se nos hace demasiado tarde como para saberlo.

1 comentario:

* AdRiAnA * dijo...

Fernando, este cuento es maravilloso. En toda la extensión de la palabra, la manera de captar el tedio, la rutina, el amor, bueno, me parece que no le sobra ni le falta nada.