29.11.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Noviembre: Leer solo poesía. 




- Antología del modernismo (1884 - 1921). Selección de José Emilio Pacheco. En 1970, Pacheco produjo una antología de gran valor en la cual reunió catorce poemas (y entre ellos alrededor de ciento cincuenta poemas) junto con un ensayo sumamente esclarecedor; y mediante ellos definió con mayor claridad el Modernismo, con su respectiva importancia cultural-histórica: En el México (y la Hispanoamérica) de finales del siglo XIX a principios del XX. 

Desde Manuel Gutiérrez Nájera hasta Ramón López Velarde. Cubre también autores menos conocidos (entonces y ahora) —María Enriqueta, Efrén Rebolledo, Alfredo Placencia…

No solo es la selección y el análisis de cada autor excelente; la introducción por sí sola es un ensayo que conviene analizar. Por el lado literario, pero también histórico. El lúcido análisis que realiza sobre las condiciones socio-económicas de México durante el siglo XIX esclarece las circunstancias en que se produjeron movimientos literarios tan importantes… y también pinta un retrato terrible, más porque es notablemente similar al México de ahora mismo, del año 2017. Un país obsesionado con producción e inversión extranjera, pero que se olvida de sus propios habitantes. En particular de los más desamparados. 

El resultado es un libro cuya lectura es aún más importante de lo que parece a primera vista.

7.11.17

Diaro de lectura: Octubre.


Reto: Leer solo antologías. 



Cuatro libros en español: 

- Ciudad fantasma, vols. 1 y 2. Selección de Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte. 

- Antología del cuento fantástico peruano. Selección de Harry Belevan. 

- Horrendos y fascinantes. Selección de José Donayre. 

Sin que me lo propusiera conscientemente, terminaron siendo representantes de dos países, México y Perú, vistos en su literatura fantástica (y de terror, y de mucho más —lo insólito, la ciencia ficción, lo maravilloso…), y en un arco que abarca desde el siglo XIX hasta el XXI. Por estas páginas desfilan lo mismo autores consagrados que otros rescatados del injusto olvido y varias promesas del presente (¿y el futuro?). 

En todos es de sumo interés el prólogo (o presentación, o introducción, o ensayo preliminar…), por cuanto refleja de los respectivos contextos históricos y culturales. Claro, también académicos y literarios. 

Los resultados, entonces, han sido satisfactorios. Felizmente, han cubierto gran variedad y calidad. 

Diario de lectura.


Reto de lectura, Octubre: Antologías. 



- Horrendos y fascinantes: Antología de cuentos peruanos sobre monstruos. José Donayre (ed.). Veintisiete cuentos de otros tantos autores peruanos. Todos sobre monstruos; muchos de terror, algunos más orientados hacia lo propiamente fantástico, algunos humorísticos —hay incluso algo de meta-ficción, de ciencia ficción e inclusive de teología. En todos, claro, prima la teratología. 

La selección es admirable; reúne autores que cubren prácticamente la totalidad del siglo XX (y cuentos que fueron publicados o bien re-publicados en el siglo XXI; éste libro es del año 2013) y que representan corrientes literarias sumamente diversas. En su ingenioso prólogo, Donayre aclara como es que cada uno de los cuentos trata de un tipo de monstruo (a veces de más de uno, por supuesto). Hay, sí, monstruos tradicionales —hay fantasmas, vampiros, brujas, hombres lobo, zombies, momias, demonios, y hasta alienígenas propios del horror cósmico. También los hay monstruos más sutiles y otros más humanos (por así decirlo). Y en general estos cuentos evitan limitarse a repetir clichés de la tradicional literatura de terror —proponen diversas lecturas y, a veces, ingeniosas vueltas de tuerca no tanto en el argumento sino en la redacción. 

Una antología sumamente recomendable, tanto para amantes del terror (pero que estén dispuestos a aceptar el tipo de libro que a veces se aparta un poco del género) como para lectores en general. 


1.11.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Octubre: Leer sólo antologías. 



- Antología del cuento fantástico peruano. Harry Belevan (ed.). Antología fundamental del cuento fantástico, tanto en el campo de la literatura peruana como en el campo de la literatura universal, precedido por un largo y lúcido estudio acerca de lo fantástico mismo. Se incluyen doce autores (entre ellos el propio Belevan), tanto frecuentemente asociados a lo fantástico (Clemente Palma, Julio Ramón Ribeyro, José B. Adolph) como aparentemente alejados de éste (Enrique López Albujar); tanto autores de fama internacional (César Vallejo) como autores injustamente desconocidos (María Telleria Solari). Aparecido en 1977. 

El estudio con que abre el libro es largo y sesudo; puede resultar pesado por la gran cantidad de conceptos que pesa y sopesa y porque exige una atenta, muy atenta lectura. Pero es un estudio que sirve para establecer con absoluta claridad exactamente de qué habla Belevan cuando habla de “cuento fantástico”, y de este modo defiende intachablemente la presencia de todos y cada uno de los textos aquí incluidos. Que algunos además rocen con otros temas y géneros (lo terrorífico, lo humorístico, lo maravilloso, el cuento infantil y hasta la meta-ficción) es aquí punto extra. Un libro de suma importancia, y de lectura recomendada. 

31.10.17

Ensayo.


NOTA: Originalmente presentado en el IV congreso latinoamericano de literatura fantástica. 


Sombras monstruosas del pasado en “Miedo Genital”, de Lorenzo León (1991).

Fernando Brambila Ortega.


El cuento fantástico ha contado con una buena cantidad de cultivadores en México desde finales del siglo XIX y hasta el presente siglo, apunta el académico Francisco Javier Ordiz Vázquez[1]. Y según nos dice, se ha presentado por lo menos en cuatro vertientes:

-       Lo maravilloso (ejemplos: Alberto Chimal, Mario González Suárez, algunos relatos de Emiliano González. Discutiblemente, textos considerados dentro de vertientes como el “Realismo Mágico”. Ergo, autores como Juan Rulfo e inclusive Laura Esquivel).
-       El neofantástico (ejemplos: Francisco Tario, Homero Aridjis).
-       El fantástico clásico (ejemplos: José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes, Ignacio Solares).
-       Y como “subgénero que se mueve en el ámbito formal de lo fantástico clásico”: El relato de horror (ejemplos: De nuevo Emiliano González[2], José Luis Zárate, Adriana Díaz Enciso, Ricardo Bernal, Lorenzo León).

Es de este último autor que hablaré a continuación; concretamente de una de sus dos obras de horror hasta el momento. “Miedo genital”, libro aparecido en 1991 y que de entrada puede leerse o bien como una colección de cuentos a veces interconectados o bien como una novela dividida en relatos.

Lorenzo León Diez (o simplemente “Lorenzo León”, como se le suele acreditar) nació en la Ciudad de México en 1953. Su carrera se divide entre el periodismo, la crítica y la literatura. En éste último rubro ha cubierto diversos géneros. El realismo urbano en el libro de cuentos “Los hijos de las cosas” (1985), el erotismo en la novela “Fragmente: Diario de un adicto al sexo” (2008), y la vertiente que aquí nos interesa: El horror. Su aportación a éste han sido principalmente dos obras: El libro de cuentos “La realidad envenenada” (1986; después reeditada y ampliada en el 2007) y, por supuesto, “Miedo genital”.



Lo primero que llama la atención de éste último libro es el título. Y es literal, pues el miedo que describen sus relatos es tanto Genésico (terrores que vienen desde el origen de la vida en el planeta) como sexual. A este respecto, el propio León dijo en una entrevista que:

“Estoy sólo actualizando ideas antiguas, fundamentalmente de Lovecraft, en el cual el horror  viene de lo exterior, de los planetas, o de lo interior, de las grutas, los subterráneos. Lo estoy actualizando en muchos aspectos, como el horror de lo fisiológico, la enfermedad, la corrupción a partir de la decadencia ecológica o de la contaminación industrial.[3]

Terrores que vienen del interior y de lo fisiológico, ese es el tema central de ésta obra. Casi todos los relatos de éste libro esbozan la historia de un acontecimiento macabro ocurrido en un pueblo llamado Cárdenas –los dos primeros, “Dreínicos” y “El bastardo”, y los últimos nueve, precisamente reunidos bajo el título “Miedo genital”. Hay otros cinco relatos incluidos en el libro y que si bien pueden leerse como relaciones independientes (ninguno de ellos alude al pueblo de Cárdenas), también se puede argumentar que toman lugar en el mismo espacio literario, uno de monstruos surgidos de lo más profundo de la tierra a la vez que del pasado histórico.

Me centraré aquí en el relato de Cárdenas. En el cuento “Dreínicos” se nos dice que se trata de un pueblo agrícola al sur del país, entre plantaciones de café. Un reportero cuyo nombre ignoramos recibe en 1960 el aviso de un acontecimiento extraño: En Cárdenas ha aparecido una plaga de creaturas que surgen del drenaje profundo (de ahí el término “dreínicos”), que asemejan seres humanos de proporciones deformes. Estos seres comienzan a violar a diversas mujeres del pueblo, las cuales quedan encintas y dan a luz a más monstruos.

En “El bastardo”, una anciana viaja a Cárdenas en busca de su hija, Beatriz, a la que sospecha víctima de un marido celoso. Pero la verdad es que Beatriz dio a luz a un monstruo, hecho que la hizo perder la razón. Desde entonces, la familia la tiene encerrada en el sótano.



En la novela corta “Miedo genital” avanzamos a 1988. Un segundo reportero, cuyo nombre tampoco conocemos, decide averiguar qué fue lo que pasó en 1961 en el pueblo de Cárdenas, el cual desde entonces ha sido borrado de la historia oficial. Por medio de entrevistas a los pocos sobrevivientes que encuentra, se entera de que Cárdenas fue originalmente un pueblo fundado en 1902 alrededor de un pozo petrolero. Al parecer, los seres que aparecieron en 1960 era una especie de trilobites que despertaron y subieron a la superficie debido a un proyecto encubierto de reabrir los pozos petroleros.

Cuando los monstruos surgieron, la población entró en pánico. Buscaron refugio en la iglesia, pero el sacerdote del pueblo, quien creía que la plaga de monstruos era un castigo divino, fue suplantado por un anciano Nahoa (o Nahua, u Olmeca), quien vaticinó que la plaga anunciaba el regreso del dios Chapopotéotl.

En 1961 los pocos sobrevivientes humanos de Cárdenas y sus hijos monstruosos formaron un culto a Chapopotéotl, que según diversos testigos significa “Dios del humo”, “Dios del aceite”, “Fuego Humeante” o bien “Monstruo de la tierra”.

Finalmente todo el pueblo fue exterminado por el ejército, tras lo cual el gobierno dio la orden de clausurar el pueblo y de borrar el nombre de Cárdenas de todo mapa, libro de historia e informe oficial.

Las referencias literarias son claras. En primera el relato “The shadow over Innsmouth” (publicado en 1931), de H. P. Lovecraft, en que un pueblo costero inicia un culto a un monstruo marino y comienza un mestizaje que resulta en híbridos monstruosos, entre humanos y peces. Pero también recuerda relatos posteriores como el cuento “The skins of the fathers”, de Clive Barker (aparecido en 1984) y la novela “The cellar”, de Richard Laymon (1980). En ambos relatos aparece el tema de monstruos prehistóricos que se reproducen con seres humanos por medio de violaciones. En el cuento de Barker los monstruos surgen de una caverna en el desierto, y en la novela de Laymon, en el sótano de una casa victoriana.




Pero ciertos rasgos de la obra de León cobran un matiz importante en su país de origen. De entrada, aunque los monstruos son seres prehistóricos, terminan por remitir más bien al pasado prehispánico, con el enlace a dioses y a cultos antiguos. La sexualidad que los monstruos desatan al principio se toma como algo pecaminoso y que debe de ser ocultado, como ocurre en el cuento “El bastardo”. Pero una vez que impera el culto a Chapopotéotl, la sexualidad reprimida de los pobladores se desata, y celebran orgías presididas por el anciano Nahua, que ejerce de brujo-sacerdote. Este anciano había sido llamado “mensajero de Gomorra” por el sacerdote cristiano al que desplazó. Y en sus ritos resucita incluso las lenguas indígenas que estaban casi en el olvido.

Que la noticia fuera reprimida violentamente, con intervención militar y que después se dejara fuera de la historia oficial es algo de mucha resonancia en México (y realmente en toda Latinoamérica, y más allá). Hace pensar en hechos claves en la historia del país como la masacre de 1968 en Tlatelolco, que precisamente fue perpetrada por el ejército y se intentó borrar de la historia oficial.

El nombre “Cárdenas” en relación con el petróleo tampoco es incidental. Recuerda a Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México de 1934 a 1940 y que entre otros actos es recordado precisamente por la expropiación petrolera. Como cité arriba, León considera que la corrupción en su relato viene de la decadencia ecológica y de la contaminación industrial. No es incidental que los monstruos despierten a raíz de un proyecto para extraer petróleo, ni que se asocien con la contaminación, desde que surgen del drenaje e infectan a los seres humanos en lo más íntimo. Y así como el petróleo se forma de los restos de fósiles, los propios monstruos son algo que estaba vivo en el pasado remoto y que en el presente cobran una nueva existencia, la cual es amenazadora.

Pero con eso surge una interesante complicación: los monstruos de éste relato representan todo lo que se oculta y se quiere reprimir. Causan repulsión a todos los testigos que el narrador interroga. Pero estos son testigos que huyeron del pueblo y que cual más cual menos se benefician de la desaparición que el gobierno forzó sobre Cárdenas. Como toda la historia la conocemos de segunda mano, por medio del testimonio de dos reporteros que no estuvieron presentes en el lugar de los hechos, es posible dudar de la sinceridad de los entrevistados.  Y en el temor a las raíces indígenas que yacen debajo de los templos cristianos hay cierta culpa por el pasado colonial, como también cierto sentimiento racista y resentido. Cabría preguntarse qué tan distinta sería la historia contada por los habitantes de Cárdenas que no huyeron, que no intentaron explicar los hechos a la luz del raciocinio al estilo europeo.

En 1973, el escritor mexicano Emiliano González dijo en una antología, al hablar del relato de terror en Castellano, que:

Pocas veces nos permitimos el juego del horror cósmico y el pánico interestelar. De Poe a Lovecraft preferimos a Poe.[4]

Quizá sea cierto en sentido estricto. Pero el tema del pasado prehispánico que irrumpe violentamente en el presente es un tópico que aparece con cierta frecuencia en la narrativa de terror Latinoamericana. Consideremos, por ejemplo, los cuentos “Huitzilopochtli”, de Rubén Darío, “Las sombras de la catedral”, de Doris Camarena, y “La fiesta brava”, de José Emilio Pacheco. O las novelas “La resurrección de los ídolos” de Juan José Tablada, “La diabólica santa de las tijeras”, de Juan Trigos, y “La leyenda de los soles”, de Homero Aridjis. Mas otros muchos ejemplos.

En este caso, León ha combinado ambas vertientes, la fantasía de referentes previos a la conquista y el horror cósmico para crear una obra grotesca y espeluznante pero que por debajo del impacto inicial tiene una reflexión más compleja acerca de nuestra relación con el pasado. Con lo siniestro, aquello que nos es a la vez ajeno y familiar y que produce miedo precisamente porque es todo lo reprimido y censurado, ya sea por la psique, por la familia, por la sociedad o por el gobierno. Sombras del pasado que se vuelven monstruosas.










BIBLIOGRAFÍA:

-       BARKER, Clive. Books of blood: Volumes # 1 – 3. Berkeley; New York, 1998.
-       GONZÁLEZ, Emiliano. “Introducción” a Miedo en castellano: 28 relatos de lo macabro y lo fantástico. Samo; México, 1973.
-       LEÓN, Lorenzo. Miedo genital. Joaquín Mortiz; México, 1989.
-       ____________. La realidad envenenada o “De la arquitectura del horror”. Almadía; México, 2007.
-       JIMÉNEZ, Arturo. En México hacen falta más autores de cuentos de terror. Entrevista con Lorenzo León publicada en La Jornada, 22 mayo de 2007. Consultado en línea en el enlace: http://www.jornada.unam.mx/2007/05/22/index.php?section=cultura&article=a07n1cul
-       LAYMON, Richard. The cellar. Headline; Glasgow, 1980.
-       LLOPIS, Rafael. Los mitos de Cthulhu. Alianza Editorial; Madrid, 2003 (6ª Edición). 
-       MARTÍNEZ DE MINGO, Luis. Miedo y literatura. Edaf; Buenos Aires, 2004.
-       NAVARRO, Antonio José (ed.). La nueva carne: Una estética perversa del cuerpo. Valdemar; Madrid, 2002.
-       OLEA FRANCO, Rafael. En el reino fantástico de los aparecidos. Colegio de México; México, 2004.
-       ORDIZ VÁZQUEZ, F. Javier. “Incursiones en el reino de lo insólito: Lo fantástico, lo neofantástico y lo maravilloso en la narrativa mexicana contemporánea”. Recopilado en: Tendencias de la narrativa mexicana actual, editado por José Carlos González Boixo. Iberoamericana; Madrid, 2009.
-       PELAN, John, y Benjamin Adams (eds.). The children of Cthulhu. Del Rey; New York, 2002.




[1] Véase su ensayo citado en la Bibliografía.
[2] Ordiz Vázquez ubica su relato “Rudisbroeck o los autómatas” en el ambiente de lo maravilloso y su novela corta “Casa de horror y de magia” en el del relato de horror. 
[3] En la entrevista citada en la Bibliografía.
[4] GONZÁLEZ, Emiliano. Obra citada en la Bibliografía.

20.10.17

Diario de lectura.



Reto de lectura, Octubre: Antologías. 



- Ciudad fantasma, vol. 2 (Relato fantástico de la Ciudad de México, siglo XIX-XXI). El segundo volumen a cargo de los mismos editores (y ahora con consejos del librero cuyo reto  llevó al primer volumen) presenta quince cuentos más de otros tantos autores —esta vez tanto fantásticos como de clasificación más compleja. Y esta vez más que tener como escenario la Ciudad de México, ésta es una suerte de totem sobre el que giran las diversas narraciones. Además esta vez hay un segundo tema enlazado en toda la antología, que es el de los dobles —a veces literales, a veces temáticos. Hay también varios textos de efecto ambiguo, y por esto mismo ahora más cercanos a lo fantástico que a lo terrorífico (como era el caso del primer volumen) —si bien aún hay varios textos legítimamente terroríficos. 

La nómina de autores es variada; desde autores consagrados (en el género y no) hasta noveles cuyo cuento incluido aquí es de hecho inédito. La calidad es pareja, y es de agradecer que se incluyan muy diversos tipos de textos —breves esbozos, ambiguas narraciones pseudo-policiacas, cuentos de monstruos más o menos tradicionales, leyendas, algo de posmodernidad inclusive. 

En resumen, un buen complemento al primer volumen y de meritoria lectura. Aunque disfruté más la lectura del primero, agradezco que éste no se limitar a repetir la fórmula sin más y en su lugar tomara diversos riesgos. 



11.10.17

Diario de lectura.


Reto lectura, Octubre: Antologías. 



- Ciudad Fantasma, vol. 1 (Relato fantástico de la Ciudad de México, siglo XIX-XXI). Quince cuentos fantásticos que tienen como escenario la Ciudad de México; sus tradiciones, monstruos y sombras. Desde Artemio de Valle-Arizpe hasta Bibiana Camacho, desde las leyendas prehispánicas hasta el cuento posmoderno. Selección de Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte. 

Partiendo de un desafío lanzado por un vendedor y coleccionista de libros, los autores se dieron a la tarea de buscar diversos cuentos que ilustraran el lado más fantasmal de la capital de México. Los resultados son variados, y felizmente eficaces. No todos son relatos de terror (los hay de fantasía dramática e inclusive uno de corte humorístico), ni todos son de fantasmas (otros monstruos se dan cita en estas páginas, desde vampiros hasta seres mucho más difíciles de aprehender con palabras o con la mente). Y la selección que abarca tres siglos, incluye tanto a autores de frecuente aparición en el género (José Emilio Pacheco, Mauricio Molina, José Ricardo Chaves, Alberto Chimal, Ignacio Padilla) como a otros no a menudo relacionados con éste (José María Roa Bárcena, Salvador Elizondo, Rafael Pérez Gay). Todos, eso sí, son textos de gran calidad. 

Y en conjunto ofrecen una deliciosa lectura, ahora sí de terror (los episodios alejados de éste sirven de sorbete entre delicias, y así ayudan a disfrutar cada bocado narrativo con creces). Una antología sumamente recomendada. Hay también un segundo volumen con otros tantos autores y textos. 

3.10.17

Diario de lectura, Septiembre.


Reto de lectura, Septiembre: Leer solo libros ilustrados. 



Un libro escrito en español, uno en francés y traducido al español, y dos en inglés: 

- Blancanieves en el metro.

- El suspiro. 

- Stardust. 

- The Katurran Odyssey. 


Los cuatro fueron cuentos de fantasía. Tres para niños (mejor dicho para todas las edades) y uno para adultos. Los dos últimos se ajustan a la historia épica de fantasía, con un protagonista que parte en un largo viaje en busca de algo (una promesa, en ambos casos), y  se encuentra con toda clase de curiosidades. Para cuando su viaje termina, no es el mismo, y en realidad es sólo el comienzo de toda una aventura. 
Los otros dos toman un enfoque distinto; curiosamente ambos libros en español tienen una protagonista femenina, la cual busca corregir un error (propio por parte de una y social por parte de la otra). 

En todos, por supuesto, las ilustraciones juegan un papel fundamental; no son meros adornos, sino que le confieren una dimensión extra al texto. Y en ese sentido, son obras colectivas (salvo “El suspiro”, donde la autora y la ilustradora son la misma persona). 

En conjunto revelan las posibilidades de la fantasía (e imaginación en general), de la literatura infantil (y no tan infantil) y de las técnicas mixtas. 


25.9.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Septiembre: Leer sólo libros ilustrados. 



- El suspiro. Marjane Satrapi (traducción de Manel Vidal). Una joven interesada en la botánica recibe una semilla azul que produce una planta asombrosa. Un año después es momento de que ella pague la deuda. Y esto es sólo el principio de una maravillosa serie de aventuras…

El relato ilustrado de Satrapi (autora de cómics como “Persépolis” y “Bordados”; también directora de cine, por ejemplo “The voices”) es un cuento de hadas moderno para lectores de todas las edades y que en mucho recuerda antecedentes como “Las mil y una noches”. Con personajes que sólo a primera vista son sencillos y con una trama que toma muchos caminos inesperados, el resultado es una obra de gran mérito. Titulo original en francés: “Le Soupir”. 


7.9.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Septiembre: Leer solo libros ilustrados. 



- Blancanieves en el metro. (Varios). Un relato sobre una princesa (la propia Blancanieves, de la famosa fábula) que visita México y desde su primer paseo en metro nota la enorme disparidad entre la publicidad y la realidad — y un cisma ente los propios ciudadanos; generalmente por cuestiones de raza y de color de piel. Ella continuará su viaje por lo más profundo de México. Y de paso, usará un poco de magia para darle una pequeña lección a la sociedad… 

Texto de Annuska Angulo, con ilustraciones de Marcos Almada y un epílogo explicativo de César Carrillo Trueba. Un cuento para niños (aunque no se anuncia como tal) cuya intención es denunciar el profundo racismo que impera en la sociedad mexicana del presente. Si algunas muestras son un poco reductivas y si la solución parece demasiado fácil (además de que tiene una pequeña paradoja en su planteamiento), sirve perfectamente como primera enseñanza de un tema que, en efecto, mucha de la sociedad mexicana está reacia a admitir, mucho menos a discutir. 


Diario de lectura: Agosto.


Reto de lectura, Agosto: Autobiografías, biografías y autoficción. 



Tres libros en español: 

- Antes que anochezca. Reinaldo Arenas. 

- El desbarrancadero. Fernando Vallejo. 

- De cuerpo entero. Luis Zapata. 

Tres relatos autobiográficos de tres escritores latinos gay. Un cubano, un colombiano (colombiano-mexicano, si queremos ser precisos) y un mexicano. Y hasta ahí las similitudes. El de Arenas es un libro que es a la vez novela, autobiografía, acto de protesta y testamento poético. El de Vallejo es una novela de pretexto autobiográfico (quizá autoficción) que parte de una anécdota concreta para presentar toda una reflexión. Y el de Zapata es una serie de recuentos hilados a partir de un relato anecdótico. 

Las intenciones son sumamente distintas. Y aunque las tres son obras de calidad, su lectura afecta de maneras muy distintas. La primera conmueve e incita a pensar. La segunda provoca y también incita a pensar. La tercera… entretiene, aunque no tiene tanto interés en la reflexión. 

De todas formas entre las tres tejen un muestrario de lo que significó ser gay en Latinoamérica en el siglo XX, desde muy distintas perspectivas (y sin que sea la experiencia absoluta, cosa más bien imposible), desde diversas clases sociales…

…quizás eso sea lo que le falta al texto de Zapata: Una mejor conciencia de clase, cosa que los otros dos autores sí exhiben (y con esto quiero decir que Arenas y Vallejo están conscientes de sus propios privilegios y prejuicios. No están interesados en desecharlos, pero están conscientes de ellos). Es como el contraste que comenté en otra ocasión, la diferencia entre Pedro Lemebel y Guillermo Osorno. El primero escribe con un ojo que escudriña en todas las capas de su sociedad y el segundo desde la perspectiva de un niño privilegiado que se asoma tímidamente al mundo a su alrededor. Así aquí —donde Arenas y Vallejo escriben desde la perspectiva del disidente, Zapata lo hace desde la perspectiva del privilegiado que no está consciente de serlo. 

De cualquier modo, son tres textos cuya lectura es de gran interés. 


Diario de lectura.


Reto de lectura, Agosto: Autobiografías, biografías y autoficción. 



- De cuerpo entero. Luis Zapata. Publicado en 1990, este breve libro forma parte una colección en que diversos escritores mexicanos publicaron relatos autobiográficos. El de Zapata se titula “Las cálidas tardes del cine Guerrero”. Nos cuenta sus años de infancia con el pretexto principal de sus experiencias en el cine y el teatro. Más que un listado de películas, espectáculos y estrellas del momento (que sí lo hay), sirve de punto de partida para rememorar anécdotas que influyeron la posterior obra del propio Zapata —muy particularmente su novela “La hermana secreta de Angélica María”. 

El relato es ameno y se siente sincero. Si por momentos parece un poco ligero es porque las anécdotas las cuenta más o menos como las recuerda (inclusive un caso escabroso —el hallazgo de un cadaver en una bodega), con la concesión de que a veces la memoria altera los hechos. En general es una lectura entretenida, no demasiado compleja. 


31.8.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Agosto: Leer sólo biografía, autobiografía y auto-ficción. 



- El desbarrancadero. Fernando Vallejo. Tras el ciclo de “El río del tiempo” y la inusual (para Vallejo) “La virgen de los sicarios” apareció “El desbarrancadero”, en el cual esa voz narrativa de Fernando Vallejo (su doble literario, su confesión en prosa) toma como punto de partida la agonía de su hermano Darío, víctima del SIDA. Pero como en todas las ¿novelas? ¿novelas autobiográficas? ¿prosas de auto-ficción? de Vallejo, esa anécdota no es mas que el punto de partida para una serie de recuerdos hilvanados. También de toda suerte de protestas contra todo y contra todos, como es característico de su obra. Mientras nos habla de los últimos días de Darío y de su relación con él (a veces fraternal, a veces amistosa, a veces de hecho incestuosa y a veces distante), también se explaya en la muerte de su padre (“papi”) y arremete contra su madre y el más joven de sus hermanos (“la loca” y “Cristoloco, el Güevón”). De paso, los obligatorios recuerdos esbozados en otras obras —el infaltable globo rojo de “Los días azules”, algunos pasajes de “Los caminos a roma” y de “Entre fantasmas”. Y hasta la metáfora literaria, en que la muerte de Darío es también la muerte del propio Fernando, para narrar o bien desde el más allá o bien desde el diván de un psicoanalista, según se quiera ver. 

La de Vallejo es una de las pocas narrativas que se proponen provocar absolutamente a todos, y si a menudo cae en contradicciones (lo que se alaba en una página se aborrece cinco páginas después y viceversa) es porque así es la propia naturaleza humana. Muchas de sus sentencias son hiperbólicas, por supuesto —a veces incluso graciosas, a veces con algo de berrinche y otras con algo de ironía. Pero lo que yace en el fondo es lo que de hecho cruza casi toda la narración de Vallejo (con la posible excepción de “La virgen de los sicarios”, que hasta éste punto de su obra sería la más propiamente novelesca): Una eterna nostalgia por la infancia perdida. Claro que lo que hace especial a la infancia es el hecho de que se acaba, y de que se acaba rápidamente. Así también la vida, pareciera ser lo que propone éste libro en particular. Las vidas que se aprecian, aunque el narrador insista en que no, son las que se van, las muertes que pesan sobre los vivos. No en balde se idealiza a los muertos que en vida eran objeto de peleas y se odia a los que sobreviven, así hayan sido también objeto de pasajes entrañables. Presumiblemente, hasta que caigan también en el desbarrancadero del título: El paso a la muerte que a todos nos espera. 


28.8.17

Diario fílmico.

- Verónica (México, 2017. Dirs. “The visual artists” (Carlos Algara y Alejandro Martínez Beltrán). 


Una psicóloga que ha abandonado las consultas y pasa los días en una solitaria cabaña en el bosque recibe una llamada con un pedido inusual: Que se encargue de una problemática muchacha llamada Verónica. La psicóloga acepta sólo porque el caso le fue referido por uno de sus propios maestros. La muchacha accede a probar diversos métodos terapéuticos, por medio de los cuales comienza a revelar un sórdido pasado. Pero al mismo tiempo comienza a hurgar en los recuerdos de la propia psicóloga. Conforme caen las barreras, varios secretos y traumas salen a la luz…

Sorprendente thriller psicológico (valga la redundancia) con ciertos cuidadosos toques góticos y una muy cuidada puesta en escena. Con apenas dos personajes (y unos cuantos más vistos sólo en recuerdos), de uno de los cuales ni siquiera sabemos el nombre, consigue esbozar un relato inquietante. Hay que decirlo, la solución del misterio podrá resultarle predecible a algunos (aunque cuenta con un epílogo cargado de deliciosa ambigüedad). Pero la manera en que se atan los cabos y el guión salpicado de diversas referencias filosóficas / académicas le confieren cierta elegancia. 

En general, una obra que vale la pena ver y comentar. 


26.8.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Agosto: Leer solo autobiografías, biografías y autoficción. 



- Antes que anochezca. Reinaldo Arenas. En 1992 apareció la autobiografía de Reinaldo Arenas, escritor atormentado si los hay, quien dio punto final a esta obra con su propia carta de suicidio. Fue Arenas uno de los grandes escritores cubanos, representante del Neobarroco (o quizás simplemente se sirviera de éste para expresar su complejo mundo interno); fue también uno de los artistas más ferozmente perseguidos por el régimen Castrista, con la extraña paradoja de que ente más perseguido era más peligroso se volvía. Murió en el exilio en Estados Unidos, consumido en parte por enfermedades de todo tipo, en parte porque la realidad que vivía terminó por hacerlo pedazos. 

Me enteré por primera vez de éste libro y en general de la obra de Arenas cuando supe de la adaptación fílmica de “Antes que anochezca” (por cierto que esa película tiene la curiosidad de ser, más que una adaptación, más que un relato “inspirado por”, una especie de alucinación fílmica más o menos sugerida por el libro). Por mucho tiempo, he escuchado tanto comentarios elogiosos de “Antes que anochezca” como quejas un tanto extrañas —que si cansa su retórica, que si se queja mucho de todo lo que sufrió (¿cómo se puede decir que un preso político “se queja mucho”?), que si su verdadera autobiografía fue la novela “El mundo alucinante” y éste es más bien su manifiesto político…

Me asomé primero a dos de sus novelas (“Celestino antes del alba” y “El mundo alucinante”), y a varios cuentos dispersos. ¿Qué encuentro, entonces, en éste libro? ¿En verdad era una serie de pasajes picantes pero con una retórica que llegaba a cansar? 

Pues no. Lo que encontré es exactamente lo que dice ser: Una autobiografía. El relato de una vida, con pasajes poéticos, con momentos felices y momentos terribles. Sí, desde luego, con algunas contradicciones, con algunas actitudes conservadoras junto a  pensamientos más bien rebeldes. Algo de disidencia, algo de protesta. A veces un poco de ingenuidad y ternura, otras veces algo de desencanto y de malicia. 

Desde luego hay una actitud de venganza —no solamente contra el régimen castrista como tal, sino por ejemplo contra todos los escritores y artistas cuyas posturas sintió Arenas como una traición personal —y sí, claro, hay favoritismo. Se critica ásperamente a Carpentier, a García Márquez, a Galeano; y se alaba fervientemente a Lezama Lima, a Virgilio Piñera, a Lydia Cabrera. Pero es que éste libro es una confesión íntima, con todo y prejuicios y favoritismos. Es notable, por ejemplo, la descripción que hace de Carlos Fuentes, a quien encuentra en persona como un ser que intimida de tan perfecto que parece. Un ser que no es poeta, que es máquina. 

El asunto de la sexualidad explícita —de hecho, de la homosexualidad explícita, es interesante. En buena parte porque lo cuenta con tal sinceridad que a veces ofende tanto a conservadores como a liberales. He escuchado quienes dicen que su obra no debe entrar en la etiqueta de “Literatura Queer” porque es heterosexista (es que afirma categóricamente que lo que quieren muchas locas es un hombre de verdad). Creo que hacer esas consideraciones es no poner atención a lo básico: Que esta es la vida de una persona presentada como libro. Que es una autobiografía, no un ensayo teórico. 

Y bien, más allá de discusiones y de defensas (¿pero son defensas las mías?), ¿qué hay en éste libro, pensado como libro, al margen de su contexto? Pues hay una obra hermosa, que hasta al describir escenas atroces consigue ser poético. Una obra en que se vive la diversión y el placer con total naturalidad, y en que la prosa sensual de Arenas vuelve casi placenteras hasta las descripciones más certeras de dolor —sea físico, psicológico y hasta espiritual. Puede leerse como contrapunto de su demás obra literaria o no, en realidad lo mismo da. Porque sí —esta es de hecho una obra literaria, pero en el sentido de que la prosa de Arenas es siempre poética, siempre visionaria. 

Supongo que la mejor conclusión es: Olvídese de ideas preconcebidas, y con eso me refiero incluso a las mías. Lea usted este libro por su cuenta y veamos a qué conclusiones llega. Lo mismo que en realidad toda obra de arte, pues. 


10.8.17

Cuento.


¡ARRIBA! 

Por: Fernando Brambila O. 

***

“Mis padres solían salir cada noche de viernes, supongo yo que al cine o a cenar,  a bailar (entonces aún eran bastante jóvenes), o simplemente a estar juntos unas cuantas horas sin el peso de la casa, la familia y esas cosas. A Óscar, mi hermano mayor, eso no le importaba. Él tenía sus clases de música de las que volvía tarde y exhausto para desplomarse en la cama tras un improvisado refrigerio de sándwich y refresco. Mis otros dos hermanos aún no habían nacido. Y a mí, que por entonces cursaba el primer año de primaria, me dejaban al cuidado de Licha, una de las sirvientas. Chacha y nana a la vez, realmente. Ella era joven a su vez —realmente joven, hoy en día me percato de que tendría dieciséis o diecisiete años a lo mucho. Pero entonces, claro, yo la veía como adulta, una persona grande. Ni siquiera pensaba en si me quería. Daba por sentado que me cuidaría, que todo estaba arreglado. 
Generalmente lo que hacía era básicamente sentarme frente a la televisión mientras ella hacía el planchado, hasta que o bien cayera yo rendido o bien oscurecía, y entonces me ordenaba irme a la cama. 
Pero hubo una noche distinta, y sólo una. Apenas si me daba yo cuenta de nada, pero hasta para mí era obvio que algo había cambiado. Para empezar, en cuanto mis padres se fueron en el Porsche, ella se dio una ducha, cosa que solo hacía en la madrugada, y se puso ropa de calle en lugar del uniforme. Una falta corta y negra, una blusa roja; creo que nunca antes se los había visto, quizás eran hasta nuevos. Incluso llevaba otro peinado y un perfume que creo olía a manzana. 
Y digo “creo” porque lo que pasó a continuación lo tengo mucho más impreso. Que tras un rato de espera (por cierto que Licha no había sacado la mesa de planchado, también eso me llamó la atención) sonó el timbre. Primero pensé que era Óscar, que seguro había vuelto a perder las llaves. Luego recordé que él se había ido de viaje con un grupo de su escuela. Licha abrió la puerta y dejó entrar a un hombre que de inmediato la alzó en brazos y la besó. A mi los ojos se me fueron tras de él. Tiene que haber sido también muy joven, pero yo lo que veía era un hombre apuesto enfundado en pantalones de mezclilla desgastados, con un chaleco de cuero que resaltaba su camiseta blanca y un paliacate verde en la cabeza. Para mí era un motociclista como hasta entonces sólo los había visto en películas. Incluso llevaba botas, también de cuero negro. 
Se llamaba Francisco. Para saludarme, se agachó hasta quedar más o menos a mi nivel y me tendió la mano. Todo el tiempo sonreía. Supuse que yo debía sentarme a ver la tele como siempre, pero en vez de eso Francisco se puso a hurgar en los estantes y encontró una consola de videojuegos de mi hermano. Debe haber sido el Super-Nintendo. Los tres nos turnamos para jugar —¡qué se yo qué juego era, eso sí se me borra! Alguno de aventuras. El hecho es que cuando me di cuenta ya era noche cerrada. Más tarde que de costumbre. Licha estaba por mandarme a la cama, pero Francisco le dijo que él se encargaba. Supongo que me vieron exhausto. Él se inclinó y me dijo “Arriba, amiguito. ¡Arriba!” mientras me cargaba. Olía como a papas fritas. Nada remotamente parecido al agua de colonia de mi padre. Y para mí, mil veces mejor…”

Fidel dejó pasar casi un minuto sin agregar nada más. Mauro, suponiendo que había terminado, sacó la cabeza un poco más del agua y le dijo socarrón: “¡Uyuyuy! Segurito que fue tu primer flechazo, ¡a poco no!” 

Fidel parecía estar a punto de encogerse de hombros, pero en vez de eso asintió. “Fíjate. Creo que de hecho sí. No vayas a pensar que me quería casar con él o que me puse a dibujar corazones con su nombre en el cuaderno. Fue la única vez que lo vi.” 

“Pero como para que todavía te acuerdes de su nombre…”

“Me impresionó mucho. Quizás también por lo que pasó luego.”

Mauro nadó rápidamente hacia él. Por un segundo pasó justo encima de uno de los reflectores que iluminaban la alberca desde el piso. Su delgado cuerpo parecía brillar en la luz blanca, y su traje de baño color rosa se volvió casi transparente. “¿Qué fue, qué paso? ¡No te atrevas a dejarme picado!”

Fidel, de pronto un poco consciente de su bañador negro, asintió. “Te lo diré, pero te advierto que te vas a decepcionar. Porque no fue nada picante. No como me imagino que te imaginas. Verás: de algún modo mis padres se enteraron de la visita. Cómo, no tengo idea. Yo no dije nada, porque así me lo ordenó Licha al día siguiente. Algún detalle se le habrá escapado. Visto ahora es muy claro: Aprovechando que en la casa no hay mas que un niño, van los novios y se dan un agasajo en la casa de Polanco. Recuerdo a mi madre gritándole a Licha que cómo era posible, que cómo se atrevía a meter a la casa a un barbaján… pero mi padre cerró la puerta de la cocina donde ellas estaban y me prohibió seguir escuchando. Fue donde por primera vez me di cuenta de que un regaño de mis padres podía ser completamente inmerecido.”

Mauro bostezó y de pronto salió de la alberca. Se calzó las sandalias y comenzó a secarse con una toalla también rosa que no era exactamente del mismo tono que el traje. “Ya me dio frío,” dijo. “Y hambre. ¿Como ves una pizza? Creo que entre los dos alcanza.” 

Fidel quería seguir nadando otro rato, pero también salió. “Creo que sí. Dices en el restaurante ese que está como a… que, veinte minutos. ¿Ese?” 

“Ese.” En broma, agregó: “Hombre. Si aceptaras dinero de los gritones esos de tus padres podríamos comer donde nos diera la gana a diario.” 

“Pero entonces capaz que no acababa yo por aquí…”

“…te ibas al jaiat o no se qué, claro…”

“…y no nos hubiéramos conocido…”

“Eso sí hubiera sido una tragedia. Bueno, para uno aquí. Que no soy yo.”

Fidel retorció su toalla en forma de látigo y trató de embestir con ella a Mauro, quien esquivó el ataque entre risas. 

“Ya en serio,” dijo luego Mauro camino a los cuartos. “¿Nunca les preguntaste por él? Porque, digo…”

“No. Entonces no se me habría ocurrido. Y después, a ella la habían despedido.” 

Minutos después, ya camino a la pizzería habían pasado a charlar de otras cosas. No volvieron a tocar el tema por un par de días. Pero esa misma noche, envuelto en sábanas y flotando en ese punto entre la vigilia y el sueño, Fidel se sintió por un momento rodeado por brazos amables y cálidos, y una voz que le decía: “Arriba, amiguito…. arriba…”

***

7.8.17

Diario de lectura: Julio.


Reto de lectura, julio: Leyendas y tradiciones. 



En español: 

- Cuentos del México antiguo. Artemio de Valle-Arizpe. 

- El truco. C. L. Alvear. 

Fuera de programa, en inglés: 

- 100 manga artists. Editado por Julius Wiederman. 

Realmente solo uno de los libros listados cumple con el pequeño reto para éste mes. Valle-Arizpe propiamente rescata, a veces relabora tradiciones. Justo como lo hicieron los mejores autores de Leyendas. Sean los hermanos Grimm, sea Bécquer, sea Asturias…
Alvear parte de una leyenda pero para elaborar una novela de terror con un argumento original —eso sí, entintado del pasado, tanto literal como literario. 
Y el tercero es una selección de cien autores de historieta japoneses. Como toda selección, se podrá criticar la inclusión de algunos y la exclusión de otros, pero es una extraordinaria muestra de la variedad que ofrece el Manga como tal. 

Este, entonces, ha sido un mes interesante porque los resultados fueron imprevistos, y satisfactorios de una manera inesperada. Una colección de cuentos que no solo cumplió las expectativas, sino que se presentó con una perspectiva nueva a mis ojos. Una novela que si bien fallida propone maneras de ver tema añejos que los revitalizan. Y una compilación de Taschen que me ha proporcionado nuevas claves de lectura, nuevos objetivos qué perseguir. 

En resumen, un mes en que buscando el pasado, se me mostró más bien el futuro inmediato, de manera caprichosa y sorprendente. 

Diario de lectura.


Reto de lectura, julio: Leyendas y tradiciones. 



- El truco. C. L. Alvear. Los jóvenes cónyuges Amanda y Mauricio se mudan a Guanajuato para que él pueda aceptar un jugoso contrato laboral. Al poco de llegar consiguen una casa en el callejón del Truco -una preciosa casa del siglo XVIII con tanta historia en su interior, tal como toda la ciudad de Guanajuato. Lástima que la historia de esta casa en particular tenga poco de pintoresca y mucho de macabra. Esta casa cuyos ocupantes anteriores murieron de manera tan violenta, y que antes de eso fue escenario de sucesos aún más terroríficos. Sucesos que amenazan al presente y que pronto llevarán a estos jóvenes cara a cara con el terror…

Hace ya casi dos décadas tuve una “Agenda de cuentos de terror”, que venía con una terrorífica historia de hombres lobo dividida en doce relatos (precisamente uno por cada mes). Ese texto era obra de Alvear, quien luego volvió a publicar tal relato con el título de “Plenilunio”. Y después emprendió la redacción de esta, su segunda novela de terror, ahora con el tema de casas embrujadas y de satanismo. 

Desafortunadamente, ésta historia no está al alcance de “Plenilunio”. Hay que decir que el arranque y los primeros quince o dieciséis capítulos son sumamente buenos, a la altura de los mejores narradores de terror en español, y al mismo tiempo de los mejores recopiladores de leyendas y de cuentos populares(*). Hay un suspenso muy bien sostenido, personajes interesantes y ocasionales vistazos al pasado (tanto remoto como cercano) que sugieren la amenaza que se fragua sobre el presente. Pero en los últimos capítulos de pronto la narración empieza a sentirse floja y precipitada —da la impresión de haber sido redactada a toda prisa. De pronto se pasa de un incidente a otro con toda velocidad (cuanto hasta entonces la prosa se había deleitado en verter información de manera lenta, justamente como el ambiente del propio Guanajuato) y para peor se empieza a echar mano a clichés del género. La imagen de una mujer poseída por el demonio arrastrándose como una araña puede ser terrorífica si se describe de la manera precisa, si se consigue hacer que el lector o bien olvide de qué obra de la cultura popular proviene, o bien comprenda la referencia y disfrute el juego que el autor hace con ella. En vez de eso, aquí tenemos un relato que le ruega al lector que finja estar sorprendido ante imágenes como esa. 

En resumen es una obra fallida, pero con una primera parte muy bien trabajada. Si el resto de la obra estuviera a la misma altura, sería un libro bienvenido al canon selecto de la buena literatura de terror. Como están las cosas, ese sitio sigue correspondiéndole a la anterior obra de Alvear, “Plenilunio”. 

(*): De hecho, ésta novela se basa solo muy ligeramente en una leyenda existente. Aquí de hecho hay un mérito que se le debe reconocer a Alvear: La capacidad de hacer una excelente mímesis literaria de los mejores recopiladores de leyendas. 


26.7.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, julio: Leyendas y tradiciones. 



- Cuentos del México antiguo. Artemio de Valle-Arizpe. Recopilación con dieciséis cuentos de Valle-Arizpe, uno de los principales exponentes del estilo Colonialista de la literatura mexicana apenas posterior a los años de la revolución. Entre leyenda y cuento fantástico (algunos más bien serían cuentos costumbristas si no fuera por un tono que los aproxima un poco al modernismo, a lo gótico inclusive). Entre relatos de milagros, de aparecidos y de personajes casi maniqueos, esbozan un México no realmente pasado, sino puramente imaginario, puramente literario. 

Conocí la literatura de Valle-Arizpe hace más de una década, cuando tras la lectura de Bécquer procedí a buscar más recopilaciones de leyendas y tradiciones de todo el mundo y todas las épocas, buscando alguno que tuviera ese delicioso tono entre la maravilla y el terror. Entonces Valle-Arizpe me parecía de los más próximos. Y lo es —pero hay aún más. 

Está, claro, su lugar entre los Colonialistas como Francisco Monterde y Julio Jiménez Rueda —-por no mencionar la novela “Pero Galín”, de Genaro Estrada, que los parodió y consiguió hacerlos pasar de moda. Están anécdotas como la amistad personal de Valle-Arizpe con nada menos que Salvador Novo; o bien, su aprendizaje bajo Luis González Obregón (a cuyo libro “Las calles de México” le deben tanto los mejores relatos de Valle-Arizpe). Está la tradición literaria que formó en México y que aún tiene exponentes en tiempos más modernos —es preciso leer, por ejemplo, a Carlos Alvear, a Juan Trigos, a Doris Camarena. 

Y hay algo más, que al menos en mi caso no había notado sino hasta esta reciente relectura. Mencioné que el México que esbozan es en realidad puramente literario y que sus personajes son casi maniqueos. Pero estos dos detalles no son ningún defecto; por el contrario, son un truco literario que no es evidente a primera vista. Si muchos de sus relatos a primera vista son imitaciones de hagiografías y de fábulas moralistas existentes, al leer con cuidado se notan algunos detalles, los cuales revelan que el mundo de sus narraciones sólo en apariencia es sencillo y comprensible. En teoría estos son relatos en los que el bien (emparentado con la religión cristiana y con la colonia española) triunfa siempre sobre el mal (entendido, de nuevo, bajo la perspectiva cristiana, pero también bajo el concepto precisamente de colonos). Pero en muchos casos no ocurre exactamente así: El músico que lleva años dejando en vilo a una mujer sin tener intención de casarse con ella promete hacerlo cuando ocurra un milagro (que su viejo pino florezca); pero cuanto esto ocurre, el hombre muere de la impresión. No se ha dado la boda, sólo una muerte absurda. Un benévolo cura ultrajado por tres ladrones es vengado por un ángel y luego el mismo cura muere contemplando al ángel —pero no hay justicia porque los daños nunca fueron reparados y la hermana del cura (único testigo de los hechos) jamás comprende lo que ha ocurrido. Y para los ladrones en cuestión el ángel no es hermoso, sino una fuente de terror puro. En el cuento más sangriento del libro (tanto que se aproxima al  Gore moderno), “Crimen y castigo”, se podría pensar que el crimen es el asesinato de un sacerdote y el castigo la ejecución de sus asesinos. Pero el final revela que no: El crimen es que el sacerdote murió en pecado (no se sabe nunca cual) y su castigo es que su fantasma recorre el monasterio sin enterarse jamás de que ha muerto. Suplica a quien se le aparece: “No me mates, hombre. ¡No me mates, por Dios!”. 

Hasta los cuentos costumbristas tienen cierta sutil mala leche. En “El destino manda”, un hombre pacífico que lee “Los gozos de la virgen” en compañía de su familia resulta ser de profesión verdugo, y reflexiona que la única diferencia entre un asesino y un héroe es que el segundo causa muchas más muertes que el primero. En “Luz y sombra” se nos presentan dos hermanos, uno bueno y uno malo desde el nacimiento. Pero es el ostensiblemente malo quien finalmente salva la vida del otro, sin que se conozcan nunca los motivos. En muchos de estos cuentos se sugiere un universo en apariencia lógico pero en realidad enigmático y muchas veces inclusive irracional. 

Propongo (dudo mucho ser el primero que lo hace) una lectura de las leyendas de Valle-Arizpe como cuentos fantásticos, y de esta suerte reconocido como parte de una riquísima tradición literaria que es la del terror (a veces la maravilla) sobrenatural. 

Y aunque no, sigue siendo un libro que vale la pena leer y releer.