Mostrando las entradas con la etiqueta Francisco Tario. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Francisco Tario. Mostrar todas las entradas

17.5.20

37 libros (6)




- La noche. Francisco Tario. 

Hoy se ha ido recuperando poco a poco la obra de este extrañísimo autor (tanto que no falta quien diga que ya no es extraño, ni raro ni quien sabe qué. ¡Hay cada crítico por ahí..!). Y creo que éste, su primer libro de cuentos, sigue siendo el mejor. 

Supe de su existencia por ahí del 2003, año en que me tomé un sabático de la universidad Panamericana para estudiar otras cosas por mi cuenta. Y creo que fue la decisión correcta, puesto que gracias a ello cambié de carrera, de universidad y de plano hasta de vida. 

Lo crean o no, éste libro fue uno de los factores que me ayudaron. ¡No sabía yo que la literatura mexicana ofrecía posibilidades tan extravagantes, tan libres! 


Todos los demás libros de Tario han tendido su encanto para mí (bueno… unos más que otros. Lógico, ¿no?), pero ninguno se acerca a la magia del primero. 

*

6.10.10

Viejas profecías.

“Siento que alguna vez, por alguna causa imprevista, la vida de alguien sobre la tierra no se extinguirá nunca; que sus pasos serán cada vez más firmes y que su voz se escuchará siempre con la continuidad y vigor de los ríos. Siento que hay una música que no concluirá jamás en el tiempo y que un mismo soplo de aire agitará hasta la eternidad el mismo árbol. Antójaseme, por no sé qué razones, que en el momento menos pensado se abrirá la tierra por todas partes como una misteriosa granada madura y que germinarán hasta en los riscos menos propicios, flores y frutos desconocidos, aromas que nadie ha aspirado y formas nuevas en qué deleitarse. Para estupor del que sobreviva estallarán los viejos astros y surgirán otros nuevos, y a cada alumbramiento de éstos, el mar rebasará sus límites, arrullará las ciudades y el perfume de sus algas será tan intenso que se marchitarán los retoños en sus tiestos, aunque la juventud infinita les será otorgada a los hombres. Nadie hablará más de la hiedra en el muro, ni de la puerta en el muro, sino de la nueva montaña; nadie cultivará la hiedra, ni el enebro, ni las madreselvas, porque la tierra producirá unas flores azules de cristal que, trepando por la corteza de los árboles, derramarán su contenido sobre el que camina…”
-- Francisco Tario. La puerta en el muro (1946).

“Y poderoso fuego estremecerá los nombres de los que vuelven de la muerte purificados. Y se abrirá el Libro de la Vida. El viento dejará flotar su túnica y las zarzas florecerán quedándose sin sed y sin lágrimas. Y la tierra será absoluta claridad con sus árboles redivivos. Porque se abrió el Libro de la Vida.”

-- Guadalupe Dueñas. Tiene la noche un árbol (1958).

23.5.10

Diario de lectura: Cuentos mexicanos

- Otros cuentos. Francisco Tario. "La puerta en el muro" (Opúsculo que resume varias historias (pero no, en realidad una sola, la de la humanidad en busca del sentido) en torno a un tema que recuerda a H. G. Wells, pero con una perspectiva más ácida), "Yo de amores qué sabía" (cuento casi cínico de aventuras amorosas, y tal vez el único de Tario que se aproxima al psicologismo, pero que es también una vuelta de tuerca al género al que supuestamente se suscribe (la evocación infantil)), "Breve diario de un amor perdido" (el proceso de duelo de alguien que ha perdido a su amada es el pretexto sobre el cual gira este casi poema en prosa; nótese la relación que guarda con el cuento "La noche de La Valse"; ¿si será Tom el narrador de esta obra, también?), "Jacinto Merengue" (fábula "a la Tario", vale a decir que vuelve lo que sería una historia consabida en un juego entre planos de realidad y hasta una alegoría sobre la incomunicación humana).

- Vampiros y otras adicciones. Carlos Camaleón. Doce cuentos de temática vampírica (hay que decir que el título es engañoso: no sólo no se tratan "otras adicciones", sino que ninguno de los vampiros de estos cuentos parece ser adicto. Consumen sangre y a veces otras cosas (energía, años, incluso sentimientos) pero todos parecen hacerlo por costumbre o por gusto, no por estricta necesidad). En conjunto este libro de cuentos es ciertamente mejor que otros autores mexicanos de intereses similares (como Mario Cruz o Janitzio Villamar), pero también tremendamente inferior a muchos contemporáneos (por principio de cuentas "Sombras sin tiempo", de Gerardo Horacio Porcayo, es una colección de cuentos vampíricos muy superior a ésta). Y es que en términos narrativos (y literarios) los textos no funcionan, están llenos de personajes acartonados y sentimentalismos adolescentes [por alguna razón el tema del vampiro parece atraer sobre todo a los adolescentes]. Además, pese a ser la tercera edición, el libro está lleno de errores tipográficos. Por otra parte la base mitológica de estos cuentos es sumamente interesante: además del tradicional vampiro seudo-romántico hay aquí vampiros vegetales (rosas que florecen con sangre), cósmicos, etéreos (musas y una suerte de ondina oriental) y más aún. Además, la introducción del autor es extremadamente lúcida y con mucho el mejor texto del libro. Tal vez el verdadero problema sea que Camaleón es mejor ensayista que narrador (y en efecto, el único otro libro que le conozco es un ensayo sobre los filmes de Alejandro Jodorowsky...)

- Árboles petrificados. Amparo Dávila. Doce cuentos cuyo eje temático es la muerte. Tercer (en su momento último, pero desde el año 2008 eso cambió) libro de cuentos de Amparo Dávila. Muerte dulce, terrorífica, de soledad, de amor, en el sueño, voluntaria, como vía de escape, preferible al dolor y la angustia, cuentos teñidos acaso por la madre muerta a que está dedicado el libro o bien porque es la culminación de la fantasía lingüística de Dávila...

- Relatos. José María Roa Bárcena. Tres relatos representativos de un maravilloso prosista: "Noche al raso", "Lanchitas" y "Combates en el aire". El primero es en realidad cinco cuentos narrados al estilo propio de "Los cuentos de Canterbury" o de "Las 1001 noches": una historia base que sirve para presentar más historias dentro de las que a veces aparecen más historias... y en este caso con un colofón en que se confunden ficciones. La mayoría son cuentos de estilo picaresco, salvo "El hombre del caballo rucio", que es una buena leyenda de miedo. Le sigue "Lanchitas", relato de aparecidos (el argumento es una leyenda que aparece en varias recopilaciones contemporáneas a la época de Roa Bárcena) notable porque lo sobrenatural de su argumento es sólo el pretexto para explicar la transformación psicológica del personaje titular. "Combates en el aire" es el cuento menos logrado de la reunión, un ejercicio de comparación (un duelo de papalotes que representa los altibajos de una pequeña comunidad rural) que aunque indudablemente bien escrito y narrado no tiene el encanto de los dos textos anteriores. La selección es de Julio Jiménez Rueda, cuya lúcida introducción alaba tal vez de más la "entereza moral" de Roa Bárcena (es que tanto Roa como Rueda fueron hombres de tendencia conservadora; más la obra de un artista y sus actos civiles son dos cosas distintas). Se incluye también un largo ensayo de Roa sobre José Gorostiza.

- La risa de las azucenas. Socorro Venegas. Veintidós cuentos breves que conforman el primer libro de cuentos de la potosina Venegas. Temas recurrentes: el mutismo, la soledad, el amor (a veces efímero, otras cíclico y de vez en cuando correspondido), la infancia, la identidad. Algunos "realistas" y otros fantásticos, pero en realidad ocurren todos en un mismo universo. Cuentos que destacan: "Diario de plenilunio" (De tema apocalíptico), "El burócrata y el ángel" (que consigue extraer una idea filosófica de un asunto trivial, la expurgación de gerundios en un discurso político), "El globo terráqueo" (el mejor de los de corte realista).

- La grieta y otros cuentos. Manú Dornbierer. Quince cuentos, unos fantásticos y otros de ciencia ficción; acaso algunos... ¿teosóficos? Un tema recurrente es el de el alma (y en Dornbierer el alma casi siempre vale a decir la conciencia, no necesariamente la personalidad) fuera de la materia y el tiempo. El propio tiempo es otro tema recurrente, casi siempre con la idea de quebrantar sus leyes para reparar errores aparentemente inevitables. Hay algo de terror en estos cuentos, un poco de esperanza también.

- Mantis religiosa. Mauricio Molina. Doce cuentos fantásticos que conforman el primer libro de cuentos de Molina (anteriormente escribió una novela y un libro de ensayos); son cuentos más bien imperfectos: no hay aún fantasía sino un poco de invención, no erotismo sino fantasías masturbatorias, no exotismo sino apenas ideas vagas sobre otras culturas, etc. No por ello es una obra mala y ciertamente hay un esfuerzo narrativo por parte del autor... aunque frente a otros primeros libros de cuentos (como "La materia del insomnio" de Mario González Suárez, "Tiempo destrozado" de Amparo Dávila, "Los sueños de la bella durmiente" de Emiliano González, "La grieta" de Manou Dornbierer, etc.) se queda del todo corto.

- La piel dorada y otros animalitos. Erika Mergruen. Dieciocho breves cuentos fantásticos. Más bien lúdicos, algunos con base más o menos sencilla (un cuento es el ejercicio de escribir un manual para una operación sencilla, otro parte del tema de la sobrepoblación y llega a la generación espontánea, etc.), pero magistralmente compuestos.

- Esta noche...vienen rojos y azules. Pedro F. Miret. Once cuentos del desconcertante Miret. Este libro sería de hecho su primer libro de cuentos, pero la que leí fue la tercera edición (CNA, 1997), que reedita ediciones anteriores: modifica ligeramente el primer texto y reemplaza el último texto (originalmente una obra de teatro titulada "Eclipse con explosión") con un cuento titulado "Incursión" (y que de hecho es uno de los mejores textos del libro). Los llamo "textos" porque la mayoría no tienen título; incluso el título del libro sólo corresponde al primer cuento, que es además el más largo. Son cuentos extraños, maravillosos pero no propiamente fantásticos. Las situaciones que proponen son más bien insólitas (a menudo ocurren en medio de la nada, tanto figurativa como literalmente) y sus personajes son auténticos autómatas que obedecen impulsos inexplicables incluso para ellos mismos. Destacan un cuento sobre la experiencia del cine y su ilusión, otro que transcurre en un pueblo poblado exclusivamente por mecánicos e "Incursión", en el que una aventura nocturna evoluciona poco a poco en pesadilla.

7.9.09

Diario de lectura: Cuentos mexicanos (III)

  • - La desaparición de Hollywood. René Avilés Fabila. Colección de cuentos y microcuentos de imaginación dividida en cinco secciones (simplemente numeradas); ninguna sección trata un tema específico, aunque en algunas predominan ciertos temas: en la primera, monstruos; en la segunda, animales fantásticos; en la tercera, religión; en la cuarta, ciencia ficción y política; la quinta combina estos y muchos otros temas. La literatura de Avilés Favila es irreverente y muy experimental, pero con una preocupación sumamente real como fondo. Una literatura decididamente emparentada con autores como Juan José Arreola, Julio Cortázar y Augusto Monterroso, y que a su vez ha tenido mucha influencia en las siguentes generaciones de autores.

    - La muerte tiene permiso. Edmundo Valadés. Dieciocho cuentos breves conforman el primer libro de cuentos de Valadés, a quien tanto deben la cuentística y las antologías mexicanas del siglo XX. Estos cuentos tienen algo de realismo, salvo los textos "Un hombre camina" (que tiene más de poema en prosa) y "En cualquier ciudad del mundo" (que es un cuento apocalíptico), y en ellos se demuestran las raíces periodísticas de su autor. Pero estos cuentos no son meros apuntes costumbristas: en lugar de sólo reproducir la realidad inmediata, la critican, son cuentos reaccionarios contra un mundo gris e insensible. A los horrores de la guerra y el abuso Valadés responde con la ternura y la sinceridad de sus personajes, cuya ingenuidad se ve templada por la ironía de sus historias.

    - La última guerra. Amado Nervo. Ocho cuentos, tres poemas y una colección de microcuentos de Nervo, todos ellos de ciencia ficción, seleccionados por H. Pascal. Entre ellos está el cuento que da título a la colección y que trata el tema de la rebelión animal mucho antes que Orwell y Machen se lo apropiaran. Esta colección definitivamente nos muestra una faceta poco conocida de Nervo, autor que en general es considerado un poeta ultrasentimental. Aparte de alguno que otro modismo demasiado característico de la sociedad decimonónica, se trata de obras bellas e imaginativas que ahora deben ser recuperadas y estudiadas con nuevos ojos.

    - Gozoología mayor. Arturo Arredondo. Doce cuentos eróticos y que conforman la opera prima de Arturo Arredondo (sin parentesco con Inés Arredondo, por lo menos hasta donde tengo noticia), que resulta ser un maravilloso cuentista. Todos los cuentos tienen, por supuesto, encuentros sexuales o bien una carga sexual en el desarrollo de sus tramas; por supuesto, abarcan muchas gamas de posibilidades sexuales (aunque principalmente se inclinan hacia la bisexualidad); por supuesto, todos incluyen cuanto menos una imagen animal en su desarrollo, siempre en plan simbólico; y varios juegan también con géneros establecidos: algo de drama, algo de romance, algo de miedo, algo de crónica y algo de bestiario. El verdadero tema que emerge como hilo narrativo es el de las relaciones humanas (en el caso de dos textos sobre insectos, metafóricamente), que entre más intensas sean mayor fugacidad tendrán. Y entre mas dolorosas, más perdurables.

    - Asfódelos. Bernardo Couto Castillo. "Cuentos de locura y de muerte"... el único libro publicado en vida por Bernardo Couto Castillo es una auténtica "obra maldita", en que el autor presenta su propia interpretación de los modernistas y los poetas malditos (especialmente Baudelaire) en doce cuentos obsesionados con la muerte y sus muchas manifestaciones. El propio Couto Castillo era toda una rareza en su tiempo, un "enfant terrible" que murió a los 21 años de edad (publicó "Asfódelos" a los 18) y cuyos amigos y compañeros escritores apenas pudieron comprender. En fechas muy recientes han sido recopilados los cuentos completos de Couto Castillo --incluyendo, según parece, sus poemas en prosa sobre el tema del Pierrot y la Colombina.

    - Un tipo de cuidado. Francisco Hinojosa. Ocho cuentos con estilo irreverente, inquietante y sumamente perturbador. El eje temático es el absurdo, pero también la crueldad, la injusticia. Los relatos están vagamente conectados entre sí (a veces reaparecen personajes o anécdotas de cuentos anteriores), como están vagamente anclados en el mundo "real"... de creerle a la crítica "este universo no es una fantasía, sino la palmaria revelación de nuestra vida cotidiana: el mundo es una madeja de imbecilidad complicada por un sino, eso sí, sumamente divertido"; algo hay de cierto en eso, pero también algo más. La escritura de Hinojosa tiene algo similar a la de Enrique Serna y Mario Bellatín; más allá de lo grotesco en sus relatos hay un malestar mucho más profundo que el humor esperpético matiza más que enmascara; algo similar a la angustia existencial de fin de siglo...

    - Río subterráneo. Inés Arredondo. Doce cuentos de muy diversos temas y estilos, pero que tienen en común la soledad de sus personajes, seres atrapados en mundos que no comprenden del todo y en donde sólo pueden sobrevivir dejándose llevar por la corriente. Como muchos de los escritores mexicanos frecuentemente ignorados por el canon oficial, Arredondo propone una visión del mundo más poética (y filosófica) que la de la literatura realista.

    - Cuentos macabros. Alejandro Cuevas. Quince cuentos de Alejandro Cuevas, en su momento celebrado autor, dramaturgo, cantautor y poeta que hoy en día ha sido prácticamente olvidado... pero que antologías existentes y por existir pretenden traer de vuelta. Se trata de cuentos inconfundiblemente propios del Romanticismo, de la época porfirista (fueron impresos en 1909), con gran influencia por un lado de Allan Poe y por otro de Zolá. Cuentos melodramáticos y a ratos moralinos, pero también sumamente sensibles y en algunos casos verdaderamente estremecedores. En lo personal hubiese agradecido más fantasía y menos costumbrismo en estos relatos, pero es un reproche menor. Por otra parte, es poco usual encontrar un autor local de esa época que tratase con gran simpatía a la gente de color... hasta donde lo permite el viejo estereotipo de creer que la piel blanca y los cabellos rubios son el mayor ideal estético. Todos estos cuentos se encuentran ilustrados por hermosas (y siniestras) viñetas del propio Cuevas.

    - Tapioca Inn, mansión para fantasmas. Francisco Tario. "Mansión de fantasmas dementes con humor musical" de la que sin embargo dijo González Suárez que "sin dejar de ser original tiene algo de estrafalario y mucho de fallido". Se trata de ocho cuentos fantásticos largos más "Música de cabaret", colección de microcuentos. Aunque efectivamente tiene algo de fallido y no es la mejor obra de Tario sí es por otra parte su obra más ambiciosa. Gira en torno al tema del fantasma, que en el mundo de Tario es algo con muchas dimensiones: más que la vida después de la muerte representa la trascendencia del ser más allá de lo inmediatamente cognoscible.
  • - Garabatos en el agua. Felipe Garrido. Colección de microcuentos del ingenioso Garrido, uno de los mejores exponentes nacionales (e internacionales) de éste género. Hay dos escenarios recurrentes: los diálogos de cantina entre un marinero ilustrado y un profesor enamorado de una sirena y las charlas de sobremesa de una extensa familia, amén de miles de textos perfectamente independientes. Temas recurrentes de la colección incluyen el miedo, las oportunidades perdidas, la maravilla y el asombro.