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26.5.20

37 libros (15)




- No moriré del todo. Guadalupe Dueñas. 

Muchos de mis autores favoritos ya vienen clasificados como “raros” —escritores que usan la literatura de género (terror, ciencia ficción, literatura fantástica y mucho más) para presentar una visión única del mundo, románticos a destiempo, escritores que apuntan a los rincones menos explorados del mundo, y así en adelante. Pero dentro de esos hay autores a su vez más difíciles de clasificar, porque su obra rehuye clasificaciones. 

Es el caso con Dueñas, cuyos textos a veces apuntan a lo fantástico, a veces al poema en prosa. Y otras, a algo que no se puede definir con tanta precisión. Que no es realismo ni costumbrismo —vamos, ni siquiera propiamente un “sismo”, pero que además tampoco apunta a corrientes contra-culturales. 

A esa vena pertenecen autores que, dice algún critico, podríamos llamarlos “metafísicos” si esa palabra tuviera un significado claro. Digamos, a Clarice Lispector, a Juan Emar, a Pablo Palacio… y a Guadalupe Dueñas. Entre muchos. 

Pues bueno, de toda su obra (¡y lo que me falta por leer de ella!) escojo éste libro porque fue el que más me hizo ver lo que apunto arriba, que la suya es una obra para la que hasta el término “fantástico” se queda corto. Ya el cuento que le da título al libro tan fácilmente puede ser un capítulo de “La dimensión desconocida” como una sátira costumbrista sobre parientes incómodos. ¿Qué tal?

O pensemos en “Carta a una aprendiz de cuentos”, simultáneamente ensayo sobre el poder de la ficción y muestra de ese mismo poder. Ni siquiera meta-ficción, más bien cuento sobre contar cuentos. 


¡En fin! Toda una cámara de maravillas. 

*

4.3.20

Beastars, vol. 2


Otro volumen que leí el año pasado. Veamos: 



Capítulo 8. 

- Licuados de hormiga: En éste mundo los insectos (y podemos suponer que otras especies, como los arácnidos) pueden ser mascotas y ganado —cosa que también pasa en el nuestro, aunque un poco menos. Bueno, son una buena fuente de proteína. 

- La misoginia casual: Al que engaña a novia con otra lo compadecen por que “su novia es un monstruo” y de paso culpan a la otra. 

- Haru guardó la cola de Legosi en sus tirantes; sirve como gag pero también para mostrar que no le intimidan los animales más grandes —porque cuanto puedan hacerle, ella ya se lo esperaba. 



- “Los débiles deben apoyarse entre sí para sobrevivir”, dice Haru. Esto en completa oposición a Louis, a quien los otros ‘débiles’ no le importan. 


Capítulo 9. 

- La ignorancia de Legosi sobre el sexo puede parecer excesiva; hay que tomar en cuenta el ideal Japonés (en realidad también existe en otros lados) sobre lo infantil visto como señal de pureza. 

- La reputación de Haru al parecer sólo se difunde entre los herbívoros. 

- Otro detalle de ‘world-building’ (o sea, de detalles que enriquecen el mundo en que ocurre la historia: Las “horas ecológicas”, cuartos especializados para cada especie, una especie de servicio de solaz que ofrece la escuela. 

- El despertar sexual de Legosi, que por cierto no viene en paralelo al ansia de violencia, sino aparte de éste. ¡Cuántos autores parecen pensar que son lo mismo! 


Capítulo 10. 

- El club de teatro es el único en que conviven carnívoros y herbívoros. 

- Además es un refugio para “niños problema”. Parece ser que todos los miembros o bien tienen un pasado difícil o bien sufren alguna condición especial. Sólo se entra al club por invitación. 


Capítulo 11. 

- El club de periodismo cuenta con que Louis sufra algún accidente. Pues sí, el amarillismo también existe en su mundo…

- Louis deprecia lo que incluso percibe como su propia debilidad. Al igual que Haru, piensa que tarde o temprano será presa de alguien. 

- En efecto tiene una dinámica psico-sexual con Legosi (esa famosa escena en que lo obliga a mostrarle los dientes), pero lo que no hay en ella es cariño. (Eso más bien se ve con los compañeros de cuarto de Legosi, fíjense…)


Capítulo 12. 

- El monólogo de Louis lo deja en claro: No le importan los demás, sólo su propio éxito. Y es que de otra forma no podría darlo todo en su actuación. Solo puede brillar si siente que es el único en el escenario. 


Capítulo 13. 

- Tan inseguro es Louis que aunque los demás lo feliciten, él solo siente lástima de parte de ellos. 

- Por otro lado, Els sabe que Bill sólo se finge bravucón para calmar sus nervios. Más adelante iremos viendo más de su amistad. 


Capítulo 14. 

- Puede parecer morboso usar sangre de conejo como estimulante. ¡Pero vaya si funciona! 


Capítulo 15.

- Aun y así, Bill no está a la altura de Louis en lo que respecta a actuación. Ni modo. 

- Aquí se explica parte de la reputación de Legosi: Para el público pareciera que atacó a Bill sin más ni más. Y eso que Bill termina por cortarlo.  


Capítulo 16. 

- Parece raro que el público se crea que todo esto es parte de la obra. Y en efecto, después veremos que en verdad eso no fue así. 

- El ojo de la víbora, que después tendrá importancia. Mucho después. ¡Hasta el volumen 7!



- Pese a los golpes, resulta que Legosi y Bill se llevan como amigos. Bueno, son adolescentes…

Extra. 

- Louis se para derecho para verse más grande, mientras que Legosi se encorva para tratar de no ser visto. 



***

Cuento en prosa: 


“Los fantasmas no existen”, de Guadalupe Dueñas. Recopilado en ‘Obras completas’. Magnífico cuento de aparecidos. 

*

6.10.10

Viejas profecías.

“Siento que alguna vez, por alguna causa imprevista, la vida de alguien sobre la tierra no se extinguirá nunca; que sus pasos serán cada vez más firmes y que su voz se escuchará siempre con la continuidad y vigor de los ríos. Siento que hay una música que no concluirá jamás en el tiempo y que un mismo soplo de aire agitará hasta la eternidad el mismo árbol. Antójaseme, por no sé qué razones, que en el momento menos pensado se abrirá la tierra por todas partes como una misteriosa granada madura y que germinarán hasta en los riscos menos propicios, flores y frutos desconocidos, aromas que nadie ha aspirado y formas nuevas en qué deleitarse. Para estupor del que sobreviva estallarán los viejos astros y surgirán otros nuevos, y a cada alumbramiento de éstos, el mar rebasará sus límites, arrullará las ciudades y el perfume de sus algas será tan intenso que se marchitarán los retoños en sus tiestos, aunque la juventud infinita les será otorgada a los hombres. Nadie hablará más de la hiedra en el muro, ni de la puerta en el muro, sino de la nueva montaña; nadie cultivará la hiedra, ni el enebro, ni las madreselvas, porque la tierra producirá unas flores azules de cristal que, trepando por la corteza de los árboles, derramarán su contenido sobre el que camina…”
-- Francisco Tario. La puerta en el muro (1946).

“Y poderoso fuego estremecerá los nombres de los que vuelven de la muerte purificados. Y se abrirá el Libro de la Vida. El viento dejará flotar su túnica y las zarzas florecerán quedándose sin sed y sin lágrimas. Y la tierra será absoluta claridad con sus árboles redivivos. Porque se abrió el Libro de la Vida.”

-- Guadalupe Dueñas. Tiene la noche un árbol (1958).

7.9.09

Diario de lectura: Cuentos mexicanos

- Casa de horror y de magia. Emiliano González. Libro de cuentos dividido en cuatro partes: la nouvelle (más bien cuento largo) "El discípulo", suerte de homenaje a Arthur Machen; "Cuentos de horror, de nostalgia y de anticipación" (seis cuentos cortos de fantasía siniestra y de ciencia ficción); y, por separado, los cuentos largos "Memorias de un caracol" y "El jardín del placer", ambos de corte erótico. De acuerdo al propio autor: "estas narraciones nos conducen del Infierno al Paraíso, trayectoria inolvidable por la que desfilan monstruos y delicias y en la que podemos contemplar, en todos sus detalles, un alucinante paisaje interior". Esto es completamente cierto en primera instancia: las dos primeras secciones corresponden al Infierno (pero un infierno estéticamente hermoso, empapado en luz de luna) y los dos cuentos largos al Paraíso (pero un paraíso completamente carnal, lleno de perversos goces sexuales). La primera parte del libro es la más lograda, acaso porque el lado preciosista de Emiliano González, y que inunda también obras como sus libros de poemas "Orquidáceas" y "La habitación secreta", está fudamentado en preceptos modernistas / decadentistas. Es decir, sumamente artificioso (pero a propósito) y, hay que admitirlo, un tanto excesivo a ratos. Pero los cuentos siniestros siguen siendo lo mejor de la obra de González. Es cierto que ninguna de sus obras ha conseguido superar los méritos de la primera, "Los sueños de la bella durmiente", y sin embargo ninguna de esas obras está en lo absoluto excenta de interés y maravilla.

- Retozo de naguales. María de Jesús Velasco. El primer libro publicado de la oaxaqueña Velasco es una hechizante colección de cuentos breves que mucho tienen de cuadros... cuadros de personajes, escenas breves que encierran todo un mundo. Se divide en cuatro secciones: "Novia del mar", "Sólo por haberlo visto", "Un rostro al tiempo" y "Horas de la edad". La primera sección son tres cuentos sobre la vida en la costa marina, la segunda y la tercera tienen algo de costumbrismo y algo de magia, recuerdan las mejores recopilaciones de leyendas urbanas e historias populares. La cuarta sección son cuatro relatos sobre personajes que pasan por una temporada de cambios, para bien o para mal. Destacan especialmente "Antes de que se vaya" (una historia cruel que se ha presentado ya hasta en canciones), "Al comienzo de la noche", "Retozo de naguales" y "Donde se juntan los ríos" (estos tres son los cuentos más cercanos a lo fantástico) y "Colegiala" (sobre la violenta irrupción de la sexualidad en el mundo de una sencilla joven pueblerina).

- Cuentos malditos. Leopoldo Ayala. Once cuentos sobre el mal, once variantes de las premisas "Vale la pena estudiar las perversiones aparentemente tan esotéricas y marginales, porque de ninguna manera son marginales" y "El dolor no puede ser definido de manera satisfactoria, salvo cuando cuada cual lo enuncia de modo introspectivo para sí". Once cuentos que como experimentos sobre la deconstrucción de múltiples puntos de vista simultáneos sobre hechos terroríficos o insólitos... son fallidos. Tampoco funcionan como cuentos de terror. Y es que todos están construidos con una técnica aparentemente atractiva: una serie de monólogos de flujo de conciencia encerrados entre dos paréntesis propiamente narrativos. Pero en todos los cuentos los monólogos son demasiado largos y terminan por cansar, amén de que todos tienen absolutamente la misma voz y lenguaje. Es decir, todos los cuentos adolecen de párrafos redundantes y todos terminan por aburrir al lector. Y es una lástima porque los argumentos por sí solos son fascinantes: Seducciones que rompen las barreras del tiempo, Obsesiones mortales, Supresión de la identidad por voluntades extra (y supra) terrenales... Pero el poeta y viajero Ayala no consigue consolidarse como cuentista, o al menos no lo ha hecho con éste libro.

- Lo que me cuentan los espantos. Fidela Cabrera. Veintinueve relatos breves que oscilan entre cuadro de costumbres y narración sorprendente. Elena Poniatowska anota que "viéndolo bien, todos los cuentos de Fidela oscilan entre el terror y la compasión"; en efecto, hay mucho de macabro y mucho de pathos humano en estos cuentos, pero también cierta ironía, cierta malicia literaria que los vuelve inolvidables. Algunos cuentos son también fantásticos (inclusive hay algunos cercanos a la ciencia ficción), si bien la mayoría son más bien breves estudios de personaje o de situaciones. Hasta donde tengo noticia, es el único libro publicado por la autora y apareció en 1985.

- El perro. Adela Fernández. Subtitulada "El hábito por la rosa", esta fue la primera colección de cuentos de la autora. Por años fue una especie de secreto compartido entre lectores y escritores selectos, pues se trata de una edición de la propia autora, y que incluye viñetas de la pintora Marisole Worner Baz. El mundo narrativo de este amargo pero hermoso libro parece girar en torno a dos ejes: el abandono y la crueldad. Algunos cuentos son fantásticos, otros crudamente realistas. Hay incluso tres poemas en prosa y un ensayo filosófico disfrazado de obra de teatro imposible. Si es cierto que todos los grandes autores escriben desde una pasión, no hay duda que Adela Fernández escribe desde la furia. Furia contra un mundo injusto y contra una humanidad condenada a vagar inutilmente en pos del sentido. Además de este libro la autora publicó otras dos colecciones de cuentos "Duermevelas" y "Vago espinazo de la noche". Al parecer es hija del famoso director / actor Emilio "El indio" Fernández; ella misma dirigió algunos cortometrajes, escribió guiones de cine y es de alma nómada.

- Agua quemada. Carlos Fuentes. "Cuarteto narrativo", de acuerdo al FCE; en efecto, se trata de cuatro narraciones (¿cuentos largos? ¿nouvelles?) vagamente entrelazadas entre sí y que en conjunto conforman un retrato de la Ciudad de México en la década de los '80. Pero en manos de Fuentes, la Ciudad de México es como la Macondo de García Márquez o la Comala de Rulfo: un lugar cotidiano y mítico a la vez, microcosmos de la humanidad en pleno. El título alude a un poema de Octavio Paz acerca de la destrucción absoluta. Pues esta ciudad decadente y autófaga es el reflejo oscuro de "La región más transparente" con que Fuentes debutó a finales de los '50. Ésta ciudad, condenada a repetir los errores del pasado hasta la destrucción... ésta estirpe, condenada a cien años de soledad...

- El lado obscuro del tiempo. Mario Cruz. La primera obra publicada de Cruz (en 1988) es una colección que incluye dos cuentos fantásticos ("Virginia" y "Luces en el bosque"), un poema narrativo ("El bar del cangrejo rojo") y la nouvelle "Hoy como ayer", que ya reúne los rasgos característicos de Cruz: un estilo sumamente influenciado por autores anglosajones como Stephen King, H. P. Lovecraft y hasta cierto punto Edgar Allan Poe (con todo y anglicismos incluídos), melodramático, a veces incluso "chacotero" y sin embargo indudablemente entretenido. La obra en general de Cruz parece estar pensada para un público muy específico (la subcultura "darketa") y a ratos roza con el racismo en su afán de misantropía. Aunque este primer libro parece ser menos ponzoñoso que los posteriores de Cruz.

- Cuentos para no dormir esta noche. Agustín Monsreal. Subtitulado "Antología íntima"; siete breves narraciones siniestras. El lenguaje de Monsreal parece por momentos demasiado estático, pero ultimadamente eso ayuda a la atmósfera de estos cuentos, suerte de "pesadillas en frío". Todos parecen inclinarse hacia el miedo psicológico.

- Recen por mí. Cristina Ruys. Subtitulado "historias mexicanas de terror"; una recopilación de narraciones orales que tienen mucho de leyenda y algo de supersticiones populares. Historias de aparecidos, de ocurrencias paranormales, sobrenaturales o simplemente insólitas en el suroeste de México. Tiene sin embargo un pequeño problema característico de este tipo de recopilaciones de cuentos populares: el recopilador (en este caso Ruys) confunde un poco el habla coloquial con la licencia artística y a menudo se echa en falta un trabajo más riguroso de selección y sobre todo de inventiva para traducir lo oral a lo literario.

- La cena y otras historias. Alfonso Reyes. Antología con diecinueve cuentos de Reyes, algunos rescatados de ese enigmático volumen de cuentos que fue "El plano oblicuo". El primer y el último cuento de ésta colección, "La cena" y "La mano del comandante Aranda" son válidamente cuentos fantásticos, aunque en cierto sentido también son ensayos literarios (tributos literarios, inclusive) disfrazados de relatos. Los demás textos alternan entre reconstrucciones histórico-literarias (hacen dialogar a diversos personajes mitológicos / literarios como parábola filosófica) y estudios sociales, ambos disfrazados también de cuento. El disfraz, entonces, es la palabra clave de estos cuentos, y es el tema que los hermana, que los delata como modernistas o como textos de principios del siglo XX.

- No moriré del todo. Guadalupe Dueñas. Veinticuatro cuentos en el estilo característico de Guadalupe Dueñas: cuentos fantásticos o insólitos combinados con piezas breves que tienen algo de ensayo, algo de cuento, y mucho de reflexión filosófica. Mario González Suárez, en su ensayo sobre Dueñas incluido en la antología "Paisajes del limbo", subraya la intención metafísica que impregna toda la obra de la autora. También llama a "Tiene la noche un árbol" "libro de cuentos perfectos". Este segundo libro de cuentos bien podría ser parte del anterior.