21.7.20

30 dias de cine, resumen


Tal es la situación mundial que un reto que me había planteado para el mes de abril, se extendió hasta finales de julio. 

Pero debo decir que fue muy satisfactorio. No solo por el sencillo hecho de ver treinta películas echando mano de todos los recursos de que dispongo, sino porque sirvió como estímulo para forzarme a buscar varias películas que durante años había ido posponiendo. Y, claro, a escribir sobre ellas —si las primeras obtuvieron reseñas dubitativas, creo que poco a poco fui ganando confianza para escribir más y más al respecto. 

¿Pone algo en evidencia? Sólo lo que ya se sabía: Que el panorama está inundado por producciones anglosajonas. Y en tiempos recientes, para hablar de distribuciones electrónicas, un exceso de dependencia de Netflix y en menor medida de otros sistemas. El problema no es que existan, sino lo rápido que nos acostumbramos a limitarnos a todo ello. 


Quiero continuar con el reto, pero probablemente con otro enfoque. Quizá ordenar películas por década, por tema (más que género) o por otros criterios. Ya veremos. 

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Chacal el chacal




- Chacal el chacal. Zurdo & Cross. 

Las correrías nocturnas de un chacal, en ambos sentidos de la palabra: el animal y el prostituto, que por descontado está más interesado en lo que pueda robarse que en el sexo. Pero la ciudad guarda varias sorpresas…

Un sencillo entretenimiento de una pareja de artistas cuya producción tiende a ser más bien mediocre (son los autores de la hueca tira “GabShiba”). Sin embargo tiene una buena calidad técnica. Y si en el fondo es tan solo una imitación los fanzines pornográficos japoneses (‘doujin’, no solo enfocados a parodias sino a veces con personajes propios de los autores), por otro lado es una imitación muy bien lograda, a veces incluso correctamente trasplantada al ambiente mexicano. 


En fin, un producto que no pretende ser más que lo que es, y en ello reside su principal virtud. 

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19.7.20

Día 30




- What we do in the shadows (Nueva Zelanda, 2014. Dirs. Taika Waititi y Jemaine Clement). 

Un equipo de documentalistas sigue a un grupo sumamente inusual: Cuatro vampiros europeos que comparten casa en Wellington, Nueva Zelanda, en el siglo XXI. Para monstruos de la vieja escuela no siempre es fácil adaptarse a la vida contemporánea. Sean vampiros, hombres lobo, zombis… Pero con la llegada de un nuevo compañero, las cosas parecen mejorar. Aunque claro, a final de cuentas éstos no son solo excéntricos, sino monstruos en todo sentido de la palabra. Son seres sedientos de sangre…

Excelente comedia de horror de Waititi y Clement. Es una historia que han trabajado muchas veces. Primero como cortometraje en el año 2005, después ésta película y recientemente una serie de televisión en el año 2019. Se trata de una historia que se alimenta de arquetipos clásicos y que más que parodiarlos, los contrasta con la vida moderna. Lo que la vuelve comedia exitosa es no permitir que ninguno de sus personajes sea invencible (y por lo tanto inverosímil). Estos monstruos tienen serias limitaciones (por ejemplo, los vampiros no pueden ingresar a ningún lugar al que no hayan sido invitados —lo que significa que no pueden entrar a muchos clubes nocturnos exclusivos. Los hombres lobo intentan buscar ropa que no quede inservible cuando se transforman. Los zombis elocuentes se enfrentan al estereotipo de ser considerados imbéciles. Y así en adelante). ¡Hasta los cazadores de monstruos son susceptibles de errores chapuceros! 

Pero no deja de ser una historia de terror porque monstruos y víctimas también cargan cierta tragedia consigo. Para los inmortales, estar condenados a ver cómo todo lo que aman o les interesa queda destruido por el tiempo es traumático. También lo es tener que renunciar a placeres como la comida (solo pueden alimentarse de sangre) o el sol. Y para los humanos a su alrededor, la posibilidad de ser inmortales los lleva a cometer crímenes cada vez más crueles, todo con la idea de congraciarse con alguien que a fin de cuentas los desprecia. 


Distribuida en varios países de lengua española con el título “Entrevista con unos vampiros” (que de hecho es el lema promocional), vale mucho la pena. 

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8.7.20

Día 29




- The Celluloid Closet. 

(EU, 1995. Dirs. Rob Epstein y Jeffrey Friedman)

Un documental sobre la manera en que Hollywood ha presentado la homosexualidad desde las épocas del cine mudo (circa 1895) hasta alrededor de 1995, año en que se estrenó la película. Basado en el libro de Vito Russo (que al parecer tenía un enfoque un poco más político) y narrado por Lily Tomlin (también productora, que según cuenta tuvo que mover cielo, mar y tierra para llevar adelante éste proyecto), analiza la manera en que diversos momentos históricos cambiaron la manera en que se trataba el tema en pantalla. Específicamente, la censura y la represión ideológica por parte de grupos conservadores, que a la fecha son quienes más control ejercen sobre lo que podríamos llamar el cine ‘mainstream’, pensado para el público masivo. También hay que tomar en cuenta la importancia de los 90 en Estados Unidos donde si por un lado parecía haber más apertura sobre el tema (y en efecto hay más películas que lo abordan abiertamente —y, más importante aún, de manera positiva), también es una época de gran censura. Son los años de la iniciativa “Don’t ask, don’t tell” (“No preguntes ni cuentes”) del gobierno de Clinton, que llevó a una ola de discriminación encubierta de la que a la fecha no se ha realmente hecho un recuento satisfactorio. 

Se analizan varias películas clave a lo largo de las épocas; también varias menos recordadas hoy en día. Se podría hacer una pequeña crítica: Se analizan casi exclusivamente producciones Estadounidenses (y justamente de Hollywood), apenas mencionando muy brevemente una que otra producción británica —y, cerca del final, una australiana. Pero este documental no pretende abarcar toda la historia del cine Gay, sino enfocarse en una parte específica. 


De suma importancia, entonces y ahora. 

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