27.10.09

Bodas de oro

Antes, nos íbamos a Grecia por fin de semana; ahora, la rutina se nos trastoca si la telenovela comienza dos minutos antes de lo debido.

7.9.09

Diario de lectura: Cuentos mexicanos (III)

  • - La desaparición de Hollywood. René Avilés Fabila. Colección de cuentos y microcuentos de imaginación dividida en cinco secciones (simplemente numeradas); ninguna sección trata un tema específico, aunque en algunas predominan ciertos temas: en la primera, monstruos; en la segunda, animales fantásticos; en la tercera, religión; en la cuarta, ciencia ficción y política; la quinta combina estos y muchos otros temas. La literatura de Avilés Favila es irreverente y muy experimental, pero con una preocupación sumamente real como fondo. Una literatura decididamente emparentada con autores como Juan José Arreola, Julio Cortázar y Augusto Monterroso, y que a su vez ha tenido mucha influencia en las siguentes generaciones de autores.

    - La muerte tiene permiso. Edmundo Valadés. Dieciocho cuentos breves conforman el primer libro de cuentos de Valadés, a quien tanto deben la cuentística y las antologías mexicanas del siglo XX. Estos cuentos tienen algo de realismo, salvo los textos "Un hombre camina" (que tiene más de poema en prosa) y "En cualquier ciudad del mundo" (que es un cuento apocalíptico), y en ellos se demuestran las raíces periodísticas de su autor. Pero estos cuentos no son meros apuntes costumbristas: en lugar de sólo reproducir la realidad inmediata, la critican, son cuentos reaccionarios contra un mundo gris e insensible. A los horrores de la guerra y el abuso Valadés responde con la ternura y la sinceridad de sus personajes, cuya ingenuidad se ve templada por la ironía de sus historias.

    - La última guerra. Amado Nervo. Ocho cuentos, tres poemas y una colección de microcuentos de Nervo, todos ellos de ciencia ficción, seleccionados por H. Pascal. Entre ellos está el cuento que da título a la colección y que trata el tema de la rebelión animal mucho antes que Orwell y Machen se lo apropiaran. Esta colección definitivamente nos muestra una faceta poco conocida de Nervo, autor que en general es considerado un poeta ultrasentimental. Aparte de alguno que otro modismo demasiado característico de la sociedad decimonónica, se trata de obras bellas e imaginativas que ahora deben ser recuperadas y estudiadas con nuevos ojos.

    - Gozoología mayor. Arturo Arredondo. Doce cuentos eróticos y que conforman la opera prima de Arturo Arredondo (sin parentesco con Inés Arredondo, por lo menos hasta donde tengo noticia), que resulta ser un maravilloso cuentista. Todos los cuentos tienen, por supuesto, encuentros sexuales o bien una carga sexual en el desarrollo de sus tramas; por supuesto, abarcan muchas gamas de posibilidades sexuales (aunque principalmente se inclinan hacia la bisexualidad); por supuesto, todos incluyen cuanto menos una imagen animal en su desarrollo, siempre en plan simbólico; y varios juegan también con géneros establecidos: algo de drama, algo de romance, algo de miedo, algo de crónica y algo de bestiario. El verdadero tema que emerge como hilo narrativo es el de las relaciones humanas (en el caso de dos textos sobre insectos, metafóricamente), que entre más intensas sean mayor fugacidad tendrán. Y entre mas dolorosas, más perdurables.

    - Asfódelos. Bernardo Couto Castillo. "Cuentos de locura y de muerte"... el único libro publicado en vida por Bernardo Couto Castillo es una auténtica "obra maldita", en que el autor presenta su propia interpretación de los modernistas y los poetas malditos (especialmente Baudelaire) en doce cuentos obsesionados con la muerte y sus muchas manifestaciones. El propio Couto Castillo era toda una rareza en su tiempo, un "enfant terrible" que murió a los 21 años de edad (publicó "Asfódelos" a los 18) y cuyos amigos y compañeros escritores apenas pudieron comprender. En fechas muy recientes han sido recopilados los cuentos completos de Couto Castillo --incluyendo, según parece, sus poemas en prosa sobre el tema del Pierrot y la Colombina.

    - Un tipo de cuidado. Francisco Hinojosa. Ocho cuentos con estilo irreverente, inquietante y sumamente perturbador. El eje temático es el absurdo, pero también la crueldad, la injusticia. Los relatos están vagamente conectados entre sí (a veces reaparecen personajes o anécdotas de cuentos anteriores), como están vagamente anclados en el mundo "real"... de creerle a la crítica "este universo no es una fantasía, sino la palmaria revelación de nuestra vida cotidiana: el mundo es una madeja de imbecilidad complicada por un sino, eso sí, sumamente divertido"; algo hay de cierto en eso, pero también algo más. La escritura de Hinojosa tiene algo similar a la de Enrique Serna y Mario Bellatín; más allá de lo grotesco en sus relatos hay un malestar mucho más profundo que el humor esperpético matiza más que enmascara; algo similar a la angustia existencial de fin de siglo...

    - Río subterráneo. Inés Arredondo. Doce cuentos de muy diversos temas y estilos, pero que tienen en común la soledad de sus personajes, seres atrapados en mundos que no comprenden del todo y en donde sólo pueden sobrevivir dejándose llevar por la corriente. Como muchos de los escritores mexicanos frecuentemente ignorados por el canon oficial, Arredondo propone una visión del mundo más poética (y filosófica) que la de la literatura realista.

    - Cuentos macabros. Alejandro Cuevas. Quince cuentos de Alejandro Cuevas, en su momento celebrado autor, dramaturgo, cantautor y poeta que hoy en día ha sido prácticamente olvidado... pero que antologías existentes y por existir pretenden traer de vuelta. Se trata de cuentos inconfundiblemente propios del Romanticismo, de la época porfirista (fueron impresos en 1909), con gran influencia por un lado de Allan Poe y por otro de Zolá. Cuentos melodramáticos y a ratos moralinos, pero también sumamente sensibles y en algunos casos verdaderamente estremecedores. En lo personal hubiese agradecido más fantasía y menos costumbrismo en estos relatos, pero es un reproche menor. Por otra parte, es poco usual encontrar un autor local de esa época que tratase con gran simpatía a la gente de color... hasta donde lo permite el viejo estereotipo de creer que la piel blanca y los cabellos rubios son el mayor ideal estético. Todos estos cuentos se encuentran ilustrados por hermosas (y siniestras) viñetas del propio Cuevas.

    - Tapioca Inn, mansión para fantasmas. Francisco Tario. "Mansión de fantasmas dementes con humor musical" de la que sin embargo dijo González Suárez que "sin dejar de ser original tiene algo de estrafalario y mucho de fallido". Se trata de ocho cuentos fantásticos largos más "Música de cabaret", colección de microcuentos. Aunque efectivamente tiene algo de fallido y no es la mejor obra de Tario sí es por otra parte su obra más ambiciosa. Gira en torno al tema del fantasma, que en el mundo de Tario es algo con muchas dimensiones: más que la vida después de la muerte representa la trascendencia del ser más allá de lo inmediatamente cognoscible.
  • - Garabatos en el agua. Felipe Garrido. Colección de microcuentos del ingenioso Garrido, uno de los mejores exponentes nacionales (e internacionales) de éste género. Hay dos escenarios recurrentes: los diálogos de cantina entre un marinero ilustrado y un profesor enamorado de una sirena y las charlas de sobremesa de una extensa familia, amén de miles de textos perfectamente independientes. Temas recurrentes de la colección incluyen el miedo, las oportunidades perdidas, la maravilla y el asombro.

Diario de lectura: Cuentos mexicanos (II)

  • - Música concreta. Amparo Dávila. Ocho cuentos fantásticos en el estilo característico de Dávila. En rigor son "fantásticos" en el sentido de que presentan personajes sumergidos en situaciones insólitas (y a menudo terroríficas); el interés de Dávila son los seres marginados por diversas razones y la visión del individuo contra el consenso general de la realidad. El libro anterior de la autora, "Tiempo destrozado", era más siniestro, pero éste es más sutil.

    - La materia del insomnio. Mario González Suárez. Convencido de que el sueño puede transportarnos por realidades alternas sin que podamos jamás estar seguros de si el mundo en que despertamos es el mismo que en la vigilia anterior, alguien permanece en vela, contándose cuentos para luchar contra el limbo... Y de esos relatos se compone este libro, de catorce cuentos en duermevela, cuentos acaso fantásticos o acaso visionarios. Cuentos que como con Virgilio Piñera son finalmente las ensoñaciones que todos tenemos, pero que normalmente no aparecen escritas. Para ser francos no están del todo a la altura de la obra ni de Piñera ni de autores como Francisco Tario o Felisberto Hernández [claras influencias], pero posiblemente se deba a que era aún una obra de principiante. Lo que sí es, es una colección de cuentos sumamente insólitos, crueles y esperpénticos, a ratos... visionarios.

    - La lectura de la melancolía. Humberto Guzmán. Veinte cuentos que reunidos conforman una antología personal de Guzmán y que reúnen cuentos de cuatro colecciones de cuentos anteriores ("Contingencia forzada", "Manuscrito anónimo", "Seductora melancolía" y "V"). El propio autor propone como ejes narrativos la melancolía, el pesimismo y lo fantástico... y esto demuestra que a menudo uno es el peor crítico de su propia obra. Más que melancolía, más que pesimismo lo que hay aquí es solipsismo, hay incluso cierta angustia existencial del individuo que ante la imposibilidad de reconocer el mundo más allá de sus propias impresiones y sensaciones termina por deshacerse en la nada (y esto resulta irónico si se toma en cuenta que todos los textos exigen la cooperación del lector precisamente para no caer en el vacío). No son cuentos perfectos; muchos parecen más bien poemas en prosa o llanamente "textos breves", pues la narración se pierde en la sucesión de imágenes, aparte la propensión de Guzmán al onirismo.

    - La ley de Herodes. Jorge Ibargüengoitia. Once cuentos, mejor dicho once relatos semibiográficos y que conforman la única aportación al género de Ibargüengoitia (salvo algunos relatos infantiles dispersos). Puede verse por qué rara vez se aventuró a éste difícil género: todos parecen más bien pasajes de una colección de anécdotas y en conjunto conforman más bien un vistazo a la vida del personaje principal, doble literario de Jorge. Con todo, es inconfundiblemente una de sus obras emblemáticas, y conserva el mordaz humor que caracteriza sus obras más conocidas.

    - Cuentos de hemoficción. Juan Trigos. Quince textos breves representativos de la literatura de Juan Trigos, literatura de significado difícil de dilucidar si las hay, y que el propio autor denomina "hemoficción", historias que se llevan en la sangre. Los temas recurrentes son la identidad, la memoria, la muerte y la violencia. Este es un autor que probablemente será olvidado un día para luego volver a surgir décadas después y estudiado académicamente.

    - En el principio fue la sangre. Jose Luis Zárate. Ensayos sobre temas "raros" --el horror, la ciencia ficción, el cine, los asesinos seriales, monstruos... --tratados con suma lucidez. Zárate es una rareza entre rarezas, un escritor de obra escasa y muy difícil de conseguir, pero cuyos libros son un trofeo para sus lectores. Esta recopilación incluye también dos textos que podrían llamarse cuentos: "Del tamaño del mundo" y "Un millón de noches".

    - Mercaderes. Gabriel Trujillo Muñoz. Veintiún cuentos de fin-de-siecle, que dice su autor: "nacen como respuesta a las interrogantes del cambio de milenio, de qué nos depara el futuro y qué tanto control tendremos, como seres humanos sobre el devenir de nuestro mundo como sociedad y sobre la evolución de la condición humana. Son, pues, motivados por mis mejores esperanzas y mis peores pesadillas". En efecto, son cuentos de nostalgia y anticipación, que valiéndose de géneros como la fantasía, la ciencia ficción, el terror y la especulación expresan lo peor y lo mejor de la humanidad. De paso reelaboran muchos personajes históricos e icónicos, como Francisco Villa, Güttenberg, Satanás, Antonin Artaud... Trujillo Muñoz pertenece a la misma generación que autores como Bernardo Fernández, Blanca Martínez o Alberto Chimal y comparte con ellos un interés por la literatura desafiante y reelaborante. Trujillo, empero, parece más meditabundo en sus reflexiones literarias.

    - El llanto de los niños muertos. BEF. Once cuentos sumamente imaginativos, unos de fantasía, otros de terror y los más de ciencia ficción. Bernardo Fernández, alias BEF es uno de los escritores jóvenes más prolíficos de latinoamérica en el siglo XXI. Su interés literario abarca todo lo poco común (muy especialmente la ciencia ficción y sus respectivas subdivisiones, pero también el estridentismo, el punk, el cómic, los dibujos animados... la imaginación en todo su esplendor). Estos once cuentos tienen algo de irreverencia y cierto sentido del humor, pero también cierta tristeza, cierta nostalgia por la infancia y la adolescencia perdidas.

    - Alta costura. Beatriz Espejo. Quince cuentos sobre personas (específicamente, mujeres, salvo en el último cuento) en cuyas ordinarias vidas irrumpen de pronto fuerzas extrañas. El tema recurrente en sí es todo lo desconocido que sólo notamos en circunstancias inusuales; Espejo indaga en lo que podríamos descubrir de seguir esa llamada misteriosa, esa invitación extraña, si rastreáramos a donde va a parar ese objeto, si escarbáramos en la superficie refinada de esa familia adinerada. Todos los cuentos parecen partir de lo costumbrista, pero el interés de la autora no es diseccionar la realidad inmediata, sino explorar las posibilidades que yacen mas allá del entorno al que sus personajes están acostumbrados.

  • - Sombras sin tiempo. Gerardo Horacio Porcayo. Subtitulado "Antología vampírica personal" y es la primera colección de cuentos del autor. Nueve cuentos vampíricos (uno en colaboración con Gerardo Sifuentes), mejor dicho, nueve variaciones sobre el tema del vampiro emblemático de finales del siglo XX: ser romántico, existencialista y algo adolescente en su sentimentalismo exacerbado. Sin embargo, el tema verdadero de esta colección es el fracaso del individuo ante fuerzas extrañas que le impiden encajar en el mundo, en nuestra época y en muchas más, lo que le confiere un nuevo significado al título.

  • - Cuentos del archivo Hurus. Blanca Martínez. Doce cuentos de ciencia ficción (concretamente Space Opera) y fantasía (concretamente Dragones y Brujas medievales) de la autora catalana aunque residente en México Blanca Martínez. Inventivos, ingeniosos y en general encantadores, que además expresan la visión de la autora sobre las relaciones entre los sexos. Tal vez la óptica que presenta sea un poco más optimista de lo que se esperaría de la literatura de épocas actuales, pero tiene cierto interés. Pocas de estas narraciones son terroríficas, porque prefieren la maravilla por encima de la amargura.

Diario de lectura: Cuentos mexicanos

- Casa de horror y de magia. Emiliano González. Libro de cuentos dividido en cuatro partes: la nouvelle (más bien cuento largo) "El discípulo", suerte de homenaje a Arthur Machen; "Cuentos de horror, de nostalgia y de anticipación" (seis cuentos cortos de fantasía siniestra y de ciencia ficción); y, por separado, los cuentos largos "Memorias de un caracol" y "El jardín del placer", ambos de corte erótico. De acuerdo al propio autor: "estas narraciones nos conducen del Infierno al Paraíso, trayectoria inolvidable por la que desfilan monstruos y delicias y en la que podemos contemplar, en todos sus detalles, un alucinante paisaje interior". Esto es completamente cierto en primera instancia: las dos primeras secciones corresponden al Infierno (pero un infierno estéticamente hermoso, empapado en luz de luna) y los dos cuentos largos al Paraíso (pero un paraíso completamente carnal, lleno de perversos goces sexuales). La primera parte del libro es la más lograda, acaso porque el lado preciosista de Emiliano González, y que inunda también obras como sus libros de poemas "Orquidáceas" y "La habitación secreta", está fudamentado en preceptos modernistas / decadentistas. Es decir, sumamente artificioso (pero a propósito) y, hay que admitirlo, un tanto excesivo a ratos. Pero los cuentos siniestros siguen siendo lo mejor de la obra de González. Es cierto que ninguna de sus obras ha conseguido superar los méritos de la primera, "Los sueños de la bella durmiente", y sin embargo ninguna de esas obras está en lo absoluto excenta de interés y maravilla.

- Retozo de naguales. María de Jesús Velasco. El primer libro publicado de la oaxaqueña Velasco es una hechizante colección de cuentos breves que mucho tienen de cuadros... cuadros de personajes, escenas breves que encierran todo un mundo. Se divide en cuatro secciones: "Novia del mar", "Sólo por haberlo visto", "Un rostro al tiempo" y "Horas de la edad". La primera sección son tres cuentos sobre la vida en la costa marina, la segunda y la tercera tienen algo de costumbrismo y algo de magia, recuerdan las mejores recopilaciones de leyendas urbanas e historias populares. La cuarta sección son cuatro relatos sobre personajes que pasan por una temporada de cambios, para bien o para mal. Destacan especialmente "Antes de que se vaya" (una historia cruel que se ha presentado ya hasta en canciones), "Al comienzo de la noche", "Retozo de naguales" y "Donde se juntan los ríos" (estos tres son los cuentos más cercanos a lo fantástico) y "Colegiala" (sobre la violenta irrupción de la sexualidad en el mundo de una sencilla joven pueblerina).

- Cuentos malditos. Leopoldo Ayala. Once cuentos sobre el mal, once variantes de las premisas "Vale la pena estudiar las perversiones aparentemente tan esotéricas y marginales, porque de ninguna manera son marginales" y "El dolor no puede ser definido de manera satisfactoria, salvo cuando cuada cual lo enuncia de modo introspectivo para sí". Once cuentos que como experimentos sobre la deconstrucción de múltiples puntos de vista simultáneos sobre hechos terroríficos o insólitos... son fallidos. Tampoco funcionan como cuentos de terror. Y es que todos están construidos con una técnica aparentemente atractiva: una serie de monólogos de flujo de conciencia encerrados entre dos paréntesis propiamente narrativos. Pero en todos los cuentos los monólogos son demasiado largos y terminan por cansar, amén de que todos tienen absolutamente la misma voz y lenguaje. Es decir, todos los cuentos adolecen de párrafos redundantes y todos terminan por aburrir al lector. Y es una lástima porque los argumentos por sí solos son fascinantes: Seducciones que rompen las barreras del tiempo, Obsesiones mortales, Supresión de la identidad por voluntades extra (y supra) terrenales... Pero el poeta y viajero Ayala no consigue consolidarse como cuentista, o al menos no lo ha hecho con éste libro.

- Lo que me cuentan los espantos. Fidela Cabrera. Veintinueve relatos breves que oscilan entre cuadro de costumbres y narración sorprendente. Elena Poniatowska anota que "viéndolo bien, todos los cuentos de Fidela oscilan entre el terror y la compasión"; en efecto, hay mucho de macabro y mucho de pathos humano en estos cuentos, pero también cierta ironía, cierta malicia literaria que los vuelve inolvidables. Algunos cuentos son también fantásticos (inclusive hay algunos cercanos a la ciencia ficción), si bien la mayoría son más bien breves estudios de personaje o de situaciones. Hasta donde tengo noticia, es el único libro publicado por la autora y apareció en 1985.

- El perro. Adela Fernández. Subtitulada "El hábito por la rosa", esta fue la primera colección de cuentos de la autora. Por años fue una especie de secreto compartido entre lectores y escritores selectos, pues se trata de una edición de la propia autora, y que incluye viñetas de la pintora Marisole Worner Baz. El mundo narrativo de este amargo pero hermoso libro parece girar en torno a dos ejes: el abandono y la crueldad. Algunos cuentos son fantásticos, otros crudamente realistas. Hay incluso tres poemas en prosa y un ensayo filosófico disfrazado de obra de teatro imposible. Si es cierto que todos los grandes autores escriben desde una pasión, no hay duda que Adela Fernández escribe desde la furia. Furia contra un mundo injusto y contra una humanidad condenada a vagar inutilmente en pos del sentido. Además de este libro la autora publicó otras dos colecciones de cuentos "Duermevelas" y "Vago espinazo de la noche". Al parecer es hija del famoso director / actor Emilio "El indio" Fernández; ella misma dirigió algunos cortometrajes, escribió guiones de cine y es de alma nómada.

- Agua quemada. Carlos Fuentes. "Cuarteto narrativo", de acuerdo al FCE; en efecto, se trata de cuatro narraciones (¿cuentos largos? ¿nouvelles?) vagamente entrelazadas entre sí y que en conjunto conforman un retrato de la Ciudad de México en la década de los '80. Pero en manos de Fuentes, la Ciudad de México es como la Macondo de García Márquez o la Comala de Rulfo: un lugar cotidiano y mítico a la vez, microcosmos de la humanidad en pleno. El título alude a un poema de Octavio Paz acerca de la destrucción absoluta. Pues esta ciudad decadente y autófaga es el reflejo oscuro de "La región más transparente" con que Fuentes debutó a finales de los '50. Ésta ciudad, condenada a repetir los errores del pasado hasta la destrucción... ésta estirpe, condenada a cien años de soledad...

- El lado obscuro del tiempo. Mario Cruz. La primera obra publicada de Cruz (en 1988) es una colección que incluye dos cuentos fantásticos ("Virginia" y "Luces en el bosque"), un poema narrativo ("El bar del cangrejo rojo") y la nouvelle "Hoy como ayer", que ya reúne los rasgos característicos de Cruz: un estilo sumamente influenciado por autores anglosajones como Stephen King, H. P. Lovecraft y hasta cierto punto Edgar Allan Poe (con todo y anglicismos incluídos), melodramático, a veces incluso "chacotero" y sin embargo indudablemente entretenido. La obra en general de Cruz parece estar pensada para un público muy específico (la subcultura "darketa") y a ratos roza con el racismo en su afán de misantropía. Aunque este primer libro parece ser menos ponzoñoso que los posteriores de Cruz.

- Cuentos para no dormir esta noche. Agustín Monsreal. Subtitulado "Antología íntima"; siete breves narraciones siniestras. El lenguaje de Monsreal parece por momentos demasiado estático, pero ultimadamente eso ayuda a la atmósfera de estos cuentos, suerte de "pesadillas en frío". Todos parecen inclinarse hacia el miedo psicológico.

- Recen por mí. Cristina Ruys. Subtitulado "historias mexicanas de terror"; una recopilación de narraciones orales que tienen mucho de leyenda y algo de supersticiones populares. Historias de aparecidos, de ocurrencias paranormales, sobrenaturales o simplemente insólitas en el suroeste de México. Tiene sin embargo un pequeño problema característico de este tipo de recopilaciones de cuentos populares: el recopilador (en este caso Ruys) confunde un poco el habla coloquial con la licencia artística y a menudo se echa en falta un trabajo más riguroso de selección y sobre todo de inventiva para traducir lo oral a lo literario.

- La cena y otras historias. Alfonso Reyes. Antología con diecinueve cuentos de Reyes, algunos rescatados de ese enigmático volumen de cuentos que fue "El plano oblicuo". El primer y el último cuento de ésta colección, "La cena" y "La mano del comandante Aranda" son válidamente cuentos fantásticos, aunque en cierto sentido también son ensayos literarios (tributos literarios, inclusive) disfrazados de relatos. Los demás textos alternan entre reconstrucciones histórico-literarias (hacen dialogar a diversos personajes mitológicos / literarios como parábola filosófica) y estudios sociales, ambos disfrazados también de cuento. El disfraz, entonces, es la palabra clave de estos cuentos, y es el tema que los hermana, que los delata como modernistas o como textos de principios del siglo XX.

- No moriré del todo. Guadalupe Dueñas. Veinticuatro cuentos en el estilo característico de Guadalupe Dueñas: cuentos fantásticos o insólitos combinados con piezas breves que tienen algo de ensayo, algo de cuento, y mucho de reflexión filosófica. Mario González Suárez, en su ensayo sobre Dueñas incluido en la antología "Paisajes del limbo", subraya la intención metafísica que impregna toda la obra de la autora. También llama a "Tiene la noche un árbol" "libro de cuentos perfectos". Este segundo libro de cuentos bien podría ser parte del anterior.