19.12.19

Todos los armarios




- Todos los armarios. Lucrecia Maldonado. Doce cuentos que reproducen la mirada infantil y juvenil. Partiendo de anécdotas más o menos universales —tales como los primeros roces con la muerte y la pérdida, los pasos a la madurez y la nostalgia por la infancia perdida, la culpa y la frustración —estos brevísimos relatos apuntan a capturar ese punto de vista tan preciso y erróneamente considerado inocente que se tiene en los primeros años de existencia. 

¿Son cuentos para niños? ¿O al menos para lectores jóvenes? Leídos en orden cronológico, pasan del mundo interno de un niño de ocho años a niños cada vez mayores, a adolescentes, a ‘nuevos adultos’ y concluyen con la mirada de un padre a su hijo de cuatro años. Algunos de los cuentos usan elementos fantásticos, otros son de corte realista… en apariencia. Todos son narrados con una prosa bella y sutil, con muchos detalles sugeridos más que explayados. 

Entonces la pregunta correcta no es para qué lectores está pensado el libro; es más bien: ¿Por qué los adultos olvidamos tantas veces esta perspectiva única de la infancia, cuando ayuda a ver el mundo con mayor claridad? 


Un gran libro de cuentos de una narradora ecuatoriana que vale la pena seguir con atención. 


13.12.19

Los creyentes




- Los creyentes. Norma Lazo. Tras una experiencia reveladora, Martha se ha erigido en líder de su propio grupo de auto-ayuda… su culto. Buscando no solamente adeptos, sino gente con poderes similares a los suyos, detecta a Leonor, una muchacha con mas oscuridad y demonios internos de lo que nadie sospecha. Pero más que a una iluminación, su encuentro llevará a una gran destrucción. Pues una religión sólo necesita un demonio; un mártir, su milagro y quien lo venda…


Extraordinaria primera novela de Lazo, aparecida en 1998. Una sátira de la cultura de auto-ayuda y de sectas que se nutre de muchos otros sub-géneros (los protagonistas son presentados en capítulos que aluden a cuentos de hadas o rimas infantiles famosas). En efecto, el libro pasa de la comedia negra a lo fantástico —a lo sobrenatural, a lo terrorífico y a mucho más. Usa una estructura compleja que comprime una buena cantidad de historia en menos de 150 páginas. Una obra sorprendente, de gran interés. 

5.12.19

Consumidores de pesadillas




- Consumidores de pesadillas. Alfonso Orejel. Cinco jóvenes insatisfechos con su vida se topan con un descubrimiento asombroso: Un portal al mundo de los sueños... o mejor dicho, de las pesadillas. Así, forman un club exclusivo de aventureros oníricos; recorren pesadillas en busca de emociones fuertes, de placenteros estremecimientos. Pero la adrenalina puede resultar adictiva, y hacernos olvidar cuantos peligros hay en el mundo de los sueños y en el real...

Novela para adolescentes que si bien llega a ser un poco simple en sus peores momentos (argumentos repetitivos, personajes planos), en los mejores se vuelve un buen reflejo del desencanto de la juventud, sea en la presente época en el norte de México o más bien en todo el mundo, en todos los tiempos. Las secuencias de pesadilla en muchos casos se vuelven predecibles, pero poco a poco revelan las obsesiones de los protagonistas (justamente como un verdadero sueño), con lo que adquieren un matiz más interesante. Si el final más bien esquemático le resta un poco de fuerza al libro, al mismo tiempo refuerza la tesis central de la historia: Peor que una pesadilla sin fin es una realidad de la que no es posible escapar. No en balde sabemos el destino de un personaje en paisajes oníricos, pero del que queda preso en una pesadilla más cotidiana, solo podemos imaginar su experiencia. 

En general un libro quizá imperfecto, pero de interés. 

25.11.19

El horror de Berkoff




- El horror de Berkoff. Francisco Ortega. En 1980, un grupo de niños se ve afectado por la muerte imprevista de uno de ellos —aunque se rumora que no fue muerte, sino desaparición. Treinta años después, Martín, actor cuya mejor época ha pasado, vuelve a su pueblo de origen tras la muerte de su mejor amigo —otro de los integrantes de ese grupo de niños. Algo hay en el pueblo de Salisbury; un miedo que late más allá de los prejuicios de sus habitantes, de sus extrañas desapariciones, y de sus gigantescas ratas. Algo que yace en una mansión abandonada, conocida como la esquina Berkoff…

Ortega, curioso escritor chileno entregado al Fantastique (digamos, la ciencia ficción, la fantasía, el terror), comenzó ésta novela como un guión cinematográfico. En efecto, contiene varios guiños a un gran repertorio fílmico. Literario también —no en balde un personaje termina por comparar la historia que viven con las obras de Stephen King. Pero no es solamente una novela compuesta de pastiches y homenajes —de hecho juega con la meta-ficción. Es que parte de la obra es en realidad una novela escrita por uno de los personajes. Pero poco a poco las fronteras entre uno y otro se desvanecen. 

También invita a una lectura quizá un poco morbosa, pero imposible de negar: El personaje escritor, Percival, es más bien desagradable: Erotómano, Voyeur (toma fotos a escondidas de sus estudiantes menores de edad; de hecho, de todos a su alrededor), por no decir que racista y homofóbico. Parece curioso achacarle tantos males a un personaje clave en la novela. Pero entonces tomamos en cuenta la amistad en la vida real de Ortega con el director Nicolás López, actualmente bajo investigación por varias denuncias de acoso y violación y —pues bien, ciertos demonios son más reales de lo que uno cree. 

Por otro lado, esa es otra debilidad de la novela: Al imitar varios tópicos del terror Estadounidense (con su pátina de folclore local, pero sólo pátina) acarrea también varios lastres de xenofobia característicos de éste. Sin más, el miedo a las minorías se confunde con el miedo a lo desconocido. Aquí, sin embargo, se le confiere bastante ambigüedad precisamente por poner ese discurso en boca del personaje Percival y no en la del protagonista Martín. 

Ambigüedad es de hecho la palabra clave en ésta novela. Incluso su portada lo anuncia. Primero notamos la figura en la ventana —después, las sombras alrededor de la ventana. ¿Las sombras amenazan al personaje o éste nos observa (quizá cámara en mano) rodeado de sus fantasmas personales? Quizá el horror no sea la mansión de monstruos, sino aquel que parece una persona normal y exitosa. 


No el balde el propio Ortega describe este libro como una novela con terror, mas que de terror.